viernes, 8 de noviembre de 2019

Octubre 2019: sección literaria de La linterna de Utrera

Aquí tenéis las secciones literarias de La linterna de Utrera del mes de octubre. En ellas hablamos de algunas de las actividades programadas en bibliotecas y librerías de Utrera y Sevilla y recomendamos un buen puñado de libros. Podéis escucharlas en los siguientes enlaces:

miércoles, 2 de octubre de 2019

Septiembre 2019: sección literaria de La linterna de Utrera

Vuelve a las tardes de COPE Utrera La linterna de Utrera y con ella, una temporada más, su sección literaria semanal. Aunque en septiembre se ha estado emitiendo en días variables, será los miércoles (siempre que el fútbol lo permita) cuando podréis escuchar las noticias y recomendaciones literarias que Cristóbal García Caro y yo os traeremos cada semana.

Para quienes no puedan escucharnos en directo iré compartiendo aquí, mes a mes, las secciones que se vayan emitiendo. Aquí tenéis las dos que hemos grabado en el mes de septiembre y que se emitieron el miércoles 18 (a partir del minuto 30:30) y el viernes 27 (a partir del minuto 29:15).

En ellas hablamos de algunas de las actividades programadas en bibliotecas y librerías de Utrera y Sevilla y recomendamos un buen puñado de libros: Cuentos completos, de Edith Wharton (Páginas de Espuma); Sombras tennen, de David Luna Lorenzo (El Transbordador); Vigilancia permanente, de Edward Snowden (Planeta); Binti: La Mascarada Nocturna, de Nnedi Okorafor (Crononauta); Los testamentos, de Margaret Atwood (Salamandra); El caso del banquero asesinado, de Augusto De Angelis (Siruela); Selenita, de Siracusa Bravo Guerrero (Maclein y Parker); y El infinito en un junco, de Irene Vallejo (Siruela).

miércoles, 21 de agosto de 2019

De Bergkamp a Ryanair: viejos y nuevos textos

El pasado miércoles, 31 de julio, unos minutos antes del mediodía, el vuelo de Ryanair FR4371 despegaba del aeropuerto de San Pablo, en Sevilla, rumbo a Manchester. De esta forma dio comienzo mi cuarta visita a Inglaterra desde que mi hermano se fue a trabajar allí, hace ocho años.

Son muchas las anécdotas e historias vividas en tierras inglesas. Algunas las publiqué hace varios años en mi blog y otras quedaron en el tintero. Disfruté mucho escribiendo Un día en Beverley, el Diario de ruta por los pubs de Kingston upon Hull (que tendrá su continuación) o sobre una maravillosa librería de York, The Minster Gate Bookshop. Y para qué negarlo, sufrí escribiendo sobre el bombardeo que padeció Hull en 1941. También escribí varios artículos sobre la Capilla de Rosslyn escocesa.
En esta ocasión, además de dar continuidad al diario de ruta por los pubs de Hull (con algunas sorpresas), quiero escribir sobre otros lugares que he visitado en mis últimos viajes al Reino Unido: Edimburgo, Robin Hood´s Bay, Whitby, Lincoln, Liverpool, Chester, Scarborough, Selby,... Sé que no voy a poder abarcarlo todo, pero haré lo que pueda.

En los próximos días espero tener listo el primer artículo de las nuevas Crónicas de la Gran Bretaña. Pero antes de todo eso, y para cerrar esta entrada, recupero un pequeño texto que redacté allá por 2012, el 17 de marzo concretamente. Lo escribí a bordo del avión de Ryanair que me llevaba al aeropuerto de Gatwick, en Londres. Lo transcribí de mi diario de viaje pero quedó en la carpeta de borradores y nunca lo publiqué. Es un relato muy cortito acerca de la controvertida aerolínea irlandesa y mi experiencia con ella hasta ese momento. He de decir que mi opinión, a día de hoy y con varios vuelos más a mis espaldas, sigue siendo la misma.


Sábado, 17 de marzo de 2012. 13:50 horas.
Vuelo de Ryanair FR5252. Sevilla, aeropuerto de San Pablo - Londres, aeropuerto de Gatwick

Acaba de despegar el vuelo FR5252 de Ryanair que me llevará a Londres. El despegue ha ido mejor de lo que esperaba y estoy tranquilo. Creo que jamás me acostumbraré a volar, pero tengo que reconocer que plantarse en Londres en poco más de dos horas es una pasada.

No, no me gusta volar. No es algo insoportable, de lo contrario no me montaría en un avión, pero no me resulta una sensación agradable. Y esta vez, como siempre que visito un aeropuerto, también me he acordado del holandés Dennis Bergkamp. Cosas de mi afición por el fútbol.
Cuentan que todo empezó en 1989, cuando varios de sus amigos, jóvenes futbolistas holandeses de origen surinamés, murieron en un accidente de Surinam Airways. Dennis tenía 20 años y por suerte para él no viajaba en ese avión, pero aquello le marcó.

Años más tarde, una experiencia en primera persona despertó definitivamente la aerofobia del jugador. En junio de 1994, un avión de la compañía KLM llevaba a la selección holandesa al Mundial de Estados Unidos. Para empezar, el viaje se retrasó porque en el aeropuerto se recibió una amenaza de bomba. No obstante, lo peor llegaría después. Durante el vuelo, el avión entró en una bolsa de aire que provocó la caída libre del aparato durante varios segundos. El piloto logró estabilizar la aeronave y nadie resultó herido, pero estoy seguro de que el recuerdo del accidente que costó la vida a sus amigos estuvo muy presente en aquellos momentos para un Dennis Bergkamp que juró no volver a subir jamás a un avión.

Imaginad qué suponía aquello para un futbolista profesional, obligado a viajar cada dos por tres. Aun así, el jugador holandés había sido una de las grandes estrellas del Mundial de Estados Unidos y en junio de 1995 fichó por el Arsenal londinense, procedente del Inter de Milán. Para estampar su firma con los gunners exigió incluir una cláusula en el contrato que le eximía de viajar en avión junto a sus compañeros. Una vez, Dennis llegó a viajar desde Londres a Barcelona por tierra. Tardó ocho horas y media, mientras que el resto de la plantilla viajó en un vuelo privado en menos de dos horas. A día de hoy, por lo que he leído por ahí y pese a haberse sometido a varios tratamientos para intentar superar su aerofobia, Bergkamp continúa negándose a viajar en avión.
¿Y a qué venía todo esto? Ah, sí. A que no me gusta volar, pero sin llegar al extremo del mediapunta holandés. El vuelo sigue su curso; hemos sufrido las habituales turbulencias al atravesar las nubes, pero bien. Me acompaña la música de Loreena McKennitt y la lectura de Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza, un libro que tenía muchas ganas de leer y que ya con sus primeras páginas me ha hecho reír y olvidar (o casi) que voy metido en un pájaro de metal a 10.000 metros de altura o como diría un entendido, a 33.000 pies.

Voy a intentar describir el estado en el que me encuentro: sentado en sexta fila, junto al pasillo, he tenido la suerte de que nadie ha ocupado el asiento que está a mi lado, por lo que me he librado del efecto sardina en lata tan frecuente en estos viajes. En el asiento de ventanilla hay una chica que se llama Alicia cuyo destino es Aberdeen, Escocia, vía Londres. Hemos estado un rato hablando y hemos quedado en coger juntos el Gatwick Express a King´s Cross; ella va a pasar la noche en Londres y yo continuaré mi viaje en tren hasta Hull.

Me encuentro en un estado cercano a la hiperactividad. Escribo, escucho música y a ratos leo a Mendoza. Creo que lo tengo todo controlado, al menos todo lo controlado que se puede tener algo aquí arriba, que no es demasiado. Tengo muchas ganas de llegar al aeropuerto, coger el Gatwick Express y tomar una pinta con mi amigo Paco y su mujer, Giulia, en algún pub cercano a la estación de King´s Cross, antes de subir al tren que me llevará a Hull. Por cierto, Happy Saint Patrick´s Day!

Retomo mi estado de ánimo: voy en avión y estoy tranquilo, que ya es mucho. Ayuda el estar de vacaciones y pensar que tengo once días por delante en tierras británicas. No me puedo quejar.
Lo de Ryanair es para estudiarlo. Hay gente que critica mucho a esta aerolínea irlandesa pero, ¿quién te lleva y te trae de Londres por 50 euros, que es lo que me han costado a mí los billetes de ida y vuelta? Me parece un servicio más que digno, con sus lógicas limitaciones. 

Eso sí, Ryanair solo se parece al resto de aerolíneas en el despegue y el aterrizaje. El vuelo es para grabarlo. Nada más despegar, en cuanto se apaga el indicador de cinturones abrochados, comienza el espectáculo: comida fría, comida caliente, bebidas, perfumes, cigarrillos sin humo, lotería... Los azafatos y azafatas se afanan por vender todo lo que pueden y es lógico que busquen ingresos debajo de las piedras, de otro modo sería inviable la política de precios que mantienen. A algunos puede molestarle tal despliegue, pero a mí me resulta de lo más entretenido.

Ya he volado varias veces con Ryanair y mi experiencia personal, hasta el momento, no ha sido mala.


Escribí el texto anterior hace más de siete años. Siete. Cómo pasa el tiempo...

viernes, 16 de agosto de 2019

Época de contrastes y nuevas 'Crónicas de la Gran Bretaña'

El verano es una época de contrastes. Para algunos, todo parece ir más despacio y el ritmo vertiginoso de la vida en la ciudad echa el freno. Para quienes disfrutan de sus vacaciones, sin embargo, todo pasa demasiado rápido. En mi caso, este verano está siendo diferente al de años anteriores. Ya comenté en un artículo anterior que me encontraba inmerso en un tiempo de cambios y la época estival está acentuando esa sensación. Septiembre se acerca y con él proyectos interesantes, algunos ya planteados y otros que espero que vayan saliendo y poderlos comentar aquí.
Entre los últimos días de junio y la primera quincena de julio compartí las últimas secciones literarias de La Linterna de Utrera y el programa 02x46 de Días EXtraños, pero olvidé hacer lo propio con mi primera colaboración con Xataka: Anna Starobinets: el universo particular de ciencia ficción y terror de una de las escritoras más originales del momento.
En dicho artículo hago un repaso a lo más destacado de la trayectoria literaria de Starobinets, centrándome en los libros que le han publicado hasta ahora en nuestro idioma, tanto novelas como relatos de fantasía, terror y ciencia ficción para adultos. Ya habrá tiempo de comentar su faceta de escritora de literatura infantil y juvenil; en este sentido, he pasado unos días en el Reino Unido y he tenido la oportunidad de hacerme con un libro que aún no ha sido publicado en España: Catlantis. Estoy seguro de que pronto podremos disfrutar por aquí tanto de ese título como de su serie Beastly Crimes Books.
Respecto a mi última visita a Inglaterra, la cuarta, me he traído como siempre un buen puñado de anécdotas e historias que me gustaría compartir. Es mi intención publicar en las próximas semanas varios artículos en los que reflejaré mis nuevas Crónicas de la Gran Bretaña, continuación de las que escribí con motivo de viajes anteriores a aquellas tierras y que podéis leer aquí.

miércoles, 24 de julio de 2019

Días EXtraños 02x46 (y sección Libros Extraños)

El fenómeno ovni es real. Así lo creo. No obstante (siempre hay un pero), no tengo ni idea de su origen. Lo que sí parece claro es que los servicios de inteligencia de determinados países se han beneficiado durante muchos años de la creencia en dicho fenómeno para utilizar a ufólogos, contactados, testigos e investigadores como herramientas para alcanzar sus fines. Estoy seguro de que no son pocos los experimentos secretos que han logrado ocultar gracias a maniobras de distracción y confusión relacionadas con los ovnis. Ese es el tema central del último programa de la temporada de Días EXtraños (de la temporada regular, ojo, que durante el verano podéis seguir disfrutando de material inédito). En concreto, Santi Camacho trata el interesante tema de Los ovnis de la Guerra Fría.

Además, Fran Contreras habla de un tema que dio mucho que hablar en su momento. En junio de 1981, Amparo Cuevas afirmó que en la finca de Prado Nuevo, del municipio madrileño de El Escorial, se le había aparecido la Virgen de los Dolores sobre un fresno. A partir de entonces el lugar se convirtió en el centro de reunión de multitud de personas que buscaban un contacto con la divinidad y la polémica estaba servida.

Y a partir del minuto 85 abrimos nuestra particular biblioteca para ofrecer la decimocuarta entrega de la sección Libros Extraños. En esta ocasión, Santi y yo hablamos de dos obras muy particulares, como no podía ser de otra forma.

Empezamos con la novela El último hombre (1826). Mary Shelley, más allá de Frankenstein, se atrevió con esta extraña distopía postapocalíptica que fue olvidada durante casi un siglo y medio, siendo rescatada por los historiadores en la década de los sesenta del siglo pasado.

Además, comentamos la novela El anacronópete, del escritor español Enrique Gaspar y Rimbau. Publicada en 1887, en ella aparece la que posiblemente sea la primera máquina del tiempo de la literatura, ocho años antes de que Herbert George Wells publicara su celebérrima La máquina del tiempo (1895).

Por último, citamos un par de webs donde libreros independientes recomiendan libros, dos prácticas herramientas con las que descubrir buenas lecturas para este verano.

La sección literaria del programa volverá, junto con el resto de secciones y nuevas sorpresas, la próxima temporada (la tercera) de Días EXtraños. Mientras, podéis disfrutar del material que Santi ha preparado para este periodo estival (DEXconexión e Historias de verano).

A continuación, os dejo los enlaces a los audios de la sección y del programa completo. ¡Que los disfrutéis!

Programa completo:
Sección Libros Extraños:

lunes, 8 de julio de 2019

Tiempo de cambios


Llegas a casa. Algo remueve tu interior; no eres capaz de verbalizar qué ocurre, pero sientes la necesidad de encender el ordenador y ponerte a escribir. Abres el navegador y revisas la bandeja de entrada de tu correo electrónico, esperando ese mensaje que sabes que tal vez nunca recibirás. Cumplido el trámite, abres Word y Spotify. Últimamente no te gusta escribir en silencio, necesitas algo de música, nada estridente, para enlazar unas palabras con otras. Te decides por el grupo norirlandés The Divine Comedy. Qué ironía; en los últimos años, más de los que hubieras deseado, has pasado por fases en las que te has sentido en el purgatorio y en el infierno, pero tu paraíso, siempre lo has dicho, está en las pequeñas cosas. Respiras hondo y decides que vas a plasmar negro sobre blanco aquello que tienes dentro y que lucha por salir desde hace tiempo.

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El 18 de junio de 2019, martes, cerraste definitivamente una etapa profesional que comenzó 13 años antes, en julio de 2006. Unos años muy largos con buenos, muy buenos y malos, muy malos momentos, los últimos de los cuales te han costado una salud que intentas recuperar.

Todo comenzó a finales de 2012. El mundo no acabó el 21 de diciembre de aquel año, tal como algunos defendían que los mayas habían dicho, pero la tan traída y llevada crisis global, que hasta entonces tus compañeros y tú habíais podido esquivar, llegó a tu vida unos meses antes. Y lo hizo gracias a una empresa que decidió, como tantas otras, aumentar sus beneficios a costa de la salud de sus empleados. Tú tenías entonces 34 años y una salud de hierro. Todo iba a cambiar en unos meses…

Todos tenemos un punto de inflexión en nuestras vidas. Si lo pensáis bien, seguro que cada uno descubrís el vuestro. En caso de no haber llegado a ese punto, suerte. El tuyo, al menos esa es la percepción que tienes, tuvo lugar la madrugada del 1 al 2 de diciembre de 2012. Aquella noche despertaste con un nuevo compañero no deseado. Pensabas que a la vecina se le había ocurrido poner la lavadora a las 5 de la madrugada, pero no; esos ruidos estaban dentro de tu cabeza y al día siguiente te confirmaron que lo que tenías eran acúfenos.

A partir de ese momento fueron apareciendo nuevos síntomas y tu salud se fue deteriorando día a día, mes a mes y año a año: síncopes, dolores musculares, cefaleas, migrañas, temblores, nódulos, manchas en la piel, problemas digestivos, trastornos del sueño, ansiedad, hipertensión, intolerancia a ruidos y luz… Dos ingresos hospitalarios y decenas de pruebas médicas después, en las que pasaste un miedo terrible pensando que podías sufrir mil y una enfermedades graves, degenerativas o terminales, llegó el diagnóstico: Síndrome de Sensibilidad Central (SSC).

Los médicos insistían: tu trabajo tiene todas las características que hacen empeorar los síntomas del SSC, decían. El estrés que te provocó el deterioro de tus condiciones laborales había sido sin duda uno de los principales desencadenantes de todo y tenías que tomar una decisión: o el trabajo o tú. Es triste tener que dejar un empleo por salud y más aún que cueste tanto que te reconozcan un diagnóstico que durante años fue esquivo, pero que a día de hoy es tan claro. En cualquier caso, has dado el paso y ahora quieres creer que has tomado la decisión correcta.

No puedes negar que estás preocupado. No ya solo por tu salud, sino también por lanzarte al vacío de la incertidumbre por lo que vendrá. Quedarte en paro con tu edad (cumpliste 41 años hace un par de días) y con el panorama laboral que te rodea, no es una decisión que se pueda tomar a la ligera. Pero dicen que la salud es lo primero y por una vez estás de acuerdo con la mayoría.

También dicen que cuando una puerta se cierra, otra se abre. Y en esas estás. El SSC te limita en cuanto a que la aparición e intensidad de los síntomas son impredecibles y en las fases de crisis tienes que parar, pero hay muchas cosas que puedes hacer. Algunas llevas haciéndolas muchos años y estás decidido a seguir aprendiendo y a dedicarles todo el tiempo que sea necesario. Lo que antes era solo una afición para ti se ha convertido, casi sin darte cuenta, en algo mucho más importante: una corrección aquí, un artículo allá, una reseña acullá, colaboraciones con varias editoriales, grabación de las secciones de los programas de radio con los que colaboras,… Te gusta lo que haces y quieres seguir por ese camino.

En estos momentos te encuentras mejor de salud. Las crisis provocadas por el SSC siguen apareciendo y desapareciendo, es una enfermedad crónica que te acompañará siempre, pero hay ciertas pautas que ayudan a minimizar, en la medida de lo posible, los síntomas: buena alimentación, ejercicio moderado (largas caminatas, gimnasio varios días a la semana), la menor exposición posible a ruidos y estrés, descanso suficiente… En definitiva, cosas de sentido común que sabes que le vienen bien a cualquiera, pero que en tu caso son si cabe más necesarias para evitar que el SSC te limite más de lo justo y necesario.

Todo esto te lleva a pensar en el ritmo de vida que nos obligan a llevar. No nos damos cuenta de dónde estamos metidos (falta de sueño, mala alimentación, exposición a ruidos y contaminación, exigencia, estrés, agotamiento físico y mental) hasta que nuestro cuerpo levanta la mano y pide parar, advirtiéndonos que de lo contrario nos obsequiará con una bonita cuchara canjeable por un sótano sin vistas en el cementerio más cercano. En casos como el tuyo, la advertencia te ha obligado a tomar medidas drásticas como dejar el empleo que has desempeñado durante los últimos 13 años. Una decisión complicada, pero necesaria.

Después de dar el paso sientes alivio y preocupación al mismo tiempo, aunque la primera emoción supera en mucho a la segunda. Te sientes liberado y pese a la incertidumbre, ilusionado por lo que está por venir. Durante años estuviste bloqueado, con problemas de salud y una astenia permanente. Ahora los problemas de salud siguen ahí, pero sientes que ya no te controlan a ti, sino tú a ellos, y cada día que pasa estás más convencido de haber tomado la decisión correcta.

No eres nadie para dar consejos a los demás y sabes que cada uno tiene sus circunstancias particulares, pero quieres gritar bien alto, a quien quiera escuchar, que hay que prestar atención a lo que nuestro cuerpo (y nuestra mente, aunque por desgracia esta está bien entrenada para hocicar) nos transmite. Es mucho más sabio de lo que creemos.

Podrías extenderte hasta el infinito y más allá, pero no lo harás. Aquello que se removía en tu interior al llegar a casa te ha llevado a escribir más de mil palabras para expresar algo que necesitaba salir. Ya está fuera. Ahora toca seguir adelante; sabes que hay muchas cosas interesantes por hacer, estás dispuesto a hacerlas todas y sientes que estás preparado. No tienes más que decir.

Feliz verano a todos.