martes, 24 de enero de 2012

El amigo

Eché un último vistazo a la habitación. Había llegado el momento de partir. Abrí el cajón de mi escritorio y ahí estaba. Tal como la recordaba. La saqué haciendo acopio de un valor del que no me creía poseedor y la guardé en uno de los bolsillos interiores de mi chaqueta. Al salir a la calle dudé antes de aligerar el paso camino de la biblioteca, el único lugar en el que había sido realmente feliz.

Mientras caminaba no pude evitar mirar de reojo a mi alrededor. Allí estaba él, esperándome. No tuve tiempo de reaccionar. Me cerró el paso y se acercó. Le dejé hacer, paralizado, preso de una extraña sensación mezcla de terror, cobardía y alivio. Mi vello se erizó al sentir el frío contacto de su mano rozando mi antebrazo antes de introducirse entre los pliegues de mi chaqueta. Me arrebató lo que más quería y se marchó.

Por eso sigo hoy aquí.
Ismael

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