viernes, 6 de enero de 2012

Mi Kindle

Este año se adelantaron los Reyes en casa. Mi hermano y su novia viven en Inglaterra, vinieron a Sevilla estas Navidades pero tenían que regresar al Reino Unido el día 2 de enero, por lo que decidimos darnos los regalos en Año Nuevo. Como siempre, he salido bien parado, no me puedo quejar. Algo de ropa, un par de libros... y un Kindle de Amazon -¡gracias, hermano y cuñá!-.
Soy lector habitual. Siempre llevo conmigo un libro y a la menor oportunidad me pongo a leer en cualquier parte, ya sea en transporte público, en la sala de espera de una consulta médica, en el parque, en la calle esperando a alguien con quien haya quedado -suelo ser puntual, los demás no tanto-, en la cama antes de dormir, en el descanso del trabajo, en la playa, en el sofá, en la biblioteca... Cualquier rincón y momento es bueno para ponerme a leer y, como no podía ser de otra forma, tengo un montón de libros. Calculo que en mi biblioteca debe haber unos 1.200 libros y subiendo, ya que a menudo me hago con ejemplares que compro bien en una librería al uso -Casa del Libro, Beta...- o en alguna de mis queridas librerías "de viejo".

Al desempaquetar el regalo de Sergio e Ivel y comprobar que se trataba de un lector electrónico, me llevé una enorme alegría. Vaya por delante lo siguiente: Me encanta el papel y estoy seguro de que seguiré comprando libros en ese formato; el tacto de las páginas, el olor y las sensaciones que transmite ese formato son, en mi opinión, insustituibles y diferentes a cualquier artefacto tecnológico, por muy bien hecho que esté.

No obstante, mi recelo inicial por los lectores electrónicos se ha ido disipando con el paso del tiempo. Ya cuando Elena y yo estuvimos en Inglaterra visitando a Ivel y Sergio estuve viendo algunos modelos, es más, a punto estuve de comprar uno, pero preferí esperar. Ellos lo sabían y me lo han regalado. Estoy seguro de que de no haber sido así hubiera tardado en decidirme a adquirirlo, así que agradezco doblemente el regalo, ya que ahora estoy "obligado" -bendita obligación- a darle uso.

En estos días he estado configurando el Kindle, leyendo la guía de usuario y probando algunas funciones que lleva incorporadas. La verdad es que es muy fácil de usar y la experiencia de lectura es increíble. La tinta electrónica permite leer sin reflejos, sin cansar la vista y con una calidad casi calcada al papel. Si me quedaba alguna duda al respecto, al primer uso han desaparecido.

Ahora tengo el siguiente problema: Las posibilidades de lectura han aumentado casi hasta el infinito y a partir de ahora tendré que seleccionar muy bien aquello que quiero leer. Me explico. Hasta ahora, los libros que tenía eran los que eran, bien fueran míos, prestados por algún amigo o sacados de la biblioteca. Las posibilidades de elección eran concretas, amplias pero concretas. Ahora, con el Kindle, el acceso a miles de libros es casi inmediato y mucho más económico que en formato papel, y estoy seguro de que tendré verdaderos problemas para decidir qué libro leer con tal cantidad de posibilidades. En cualquier caso, ojalá todos mis problemas fueran así.

En resumen, entiendo a aquellos que recelan de los libros electrónicos, pero soy de la opinión de que no son formatos excluyentes. Mi biblioteca de libros de papel seguirá creciendo, pero qué placentero debe ser irse de viaje y no tener que cargar con 4 o 5 libros ni tener que elegir qué voy a leer en mi destino, tan sólo he de llevarme el Kindle cargado con decenas o cientos de libros y elegir sobre la marcha el que quiero leer. Y qué poquito espacio ocupa, qué pequeñito, qué finito... Nunca podrá sustituir, en mi opinión, a la experiencia lectora de un libro en formato papel, pero no puedo negar que es cómodo, económico y abre un abanico de posibilidades casi infinito. Os dejo que voy a leer un rato...

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