lunes, 25 de febrero de 2013

Desconexión total

The Old Library in Trinity College (Dublin, Ireland)
Médico de cabecera, otorrino, traumatólogo, neurólogo, análisis de sangre, radiografía, resonancia magnética... Cuando tu vida gira en torno a todo eso, es que algo no va bien. Y lo cierto es que mi realidad, a día de hoy, es esa.

Hasta ahora, las pruebas no han dado ningún resultado. Los síntomas son los que son: Acúfenos, cefalea, hormigueo en manos y pies, circulación inestable, a menudo se me duermen algunos dedos, una mano o incuso un brazo... Los ruidos en mi cabeza son desesperantes y me acompañan las veinticuatro horas del día, cada mañana he de tomar nada más y nada menos que seis pastillas y unas gotas, y por la noche una más, de nuevo las gotas y valium para poder conciliar el sueño, además del correspondiente ibuprofeno cada ocho horas para mitigar la cefalea. No sé qué coño me pasa, el miércoles voy al neurólogo de nuevo y espero que haya avances en el diagnóstico pronto, porque estoy hasta las narices de todo esto.

En estos días me estoy haciendo muchas preguntas y una tímida respuesta se está abriendo paso en mi mente. Voy a hacerme todas las pruebas que los médicos me han prescrito, por supuesto, pero cada día estoy más convencido de que los resultados serán buenos, es decir, que no tengo nada físico importante. Entonces, ¿qué es lo que pasa?

La tímida respuesta a la que hago referencia es la siguiente: Mi cuerpo ha dicho basta. El estrés y la ansiedad, acumulados a lo largo de los últimos meses, han ganado la partida. Radio, televisión, trabajo... Todo lo que me rodea está podrido y mi mente y mi cuerpo me piden desconectar. No puedo más. Al trabajo iré cuando me de el alta el médico; la salud es y será lo primero pero lógicamente el trabajo es el trabajo. Y, como casi todo hijo de vecino, no tengo más remedio que trabajar para vivir. En cuanto al resto, esas noticias con las que me levanto cada mañana y que me confirman cada día que vivo en un país de mierda, que la sociedad está podrida y que lo más probable es que todo empeore en los próximos meses, he decidido aislarme por completo hasta que mi nivel de estrés vuelva a límites soportables.

No sirve de nada destrozar mis nervios, la situación es la que es y los hijos de puta van a seguir siéndolo sea cual sea mi estado de salud, así que, desde hace varias semanas, he cortado por lo sano. Nada de telediarios, nada de prensa, evito que me llegue cualquier tipo de noticia que me pueda alterar, en mi trabajo ha salido el cuadrante anual y ni siquiera lo he visto. Es más, creo que el plazo para pedir vacaciones termina mañana o pasado y me da igual, voy a dar el gusto a la empresa de ponerme las vacaciones donde le salga de los cojones.

Necesito desconectar de todo y de casi todos. Mi mente no puede más y creo que el estrés y la ansiedad se han somatizado, provocando el estado físico en el que ahora me encuentro. Necesito estar rodeado de positividad, de la gente que quiero, necesito leer, escribir, relajarme para volver a ser el que siempre he sido y no la persona en la que me he convertido en estos últimos meses, un ser huraño y encabronado de forma permanente. No merece la pena perder la salud por culpa de gente que no merece ni el aire que respira y así me encuentro ahora, en pleno proceso de desconexión total, de desintoxicación total.

Quiero recuperarme, quiero volver al trabajo en buen estado, hacer las cosas que me hacen sentir bien e ignorar a quienes no merecen que les dedique ni un segundo de mi tiempo. Y para ello necesito este periodo, tengo que disminuir mis niveles de estrés y la ansiedad, al menos eso espero, irá desapareciendo poco a poco. Nada de lo que me rodea va a cambiar, pero dentro de mis posibilidades me veo capaz de controlar algunas cosas que creía incontrolables, y pienso que es un gran primer paso.

El miércoles, más médicos. Y más pruebas. Si todo sale bien, como debe ser, y mis síntomas físicos no son más que el reflejo de mi estado permanente de encabronamiento, estrés y ansiedad de los últimos meses, entonces llegará el momento de tomar decisiones. Porque, al fin y al cabo, sólo se vive una vez y creo que he dedicado demasiado tiempo de mi vida en los últimos meses a malas personas cuyo único objetivo es pisar a los demás para lograr sus tristes objetivos. Habrá que recordar a más de uno que los ataúdes no tienen bolsillos...

Regreso a mi lectura, a mi escritura y a compartir momentos con la gente que quiero. Iré al médico, me recuperaré, volveré al trabajo y el Mundo seguirá igual de podrido, pero si de algo me ha servido todo esto es para aprender una valiosa lección: No volveré a dedicar ni un segundo de mi vida a cosas -en el concepto cosas incluyo a personas indeseables- que no merecen la pena. 

Mi sesión de desahogo ha concluido.

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