miércoles, 13 de febrero de 2013

Escribir, la respuesta sin respuesta

Hoy es uno de esos días en los que estaría todo el día leyendo y escribiendo.

Recién levantado, un buen desayuno da paso a una larga sesión de lectura. Un libro, tal vez dos, de esos que llevo mucho tiempo queriendo devorar pero a los que, por múltiples razones, casi siempre laborales, me ha sido imposible hincarle el diente antes.

La lectura despierta la mente, me evade del entorno viciado que es el pan nuestro de cada día y me traslada a un nivel de consciencia distinto, un lugar en el que siempre gusta estar. La imaginación se dispara y, un rato después, cojo bolígrafo y papel, tal vez el ordenador, y me pongo a escribir.

¿Qué escribir? ¿Qué quiero transmitir? Todo y nada. Escribo porque me gusta, porque me da la gana y porque con el paso de los años he descubierto que me expreso mejor por escrito. Tal vez porque soy un bocazas, porque cuando hablo casi siempre digo lo que pienso y eso me ha causado más problemas de los necesarios, mientras que lo escrito puedo repasarlo una y mil veces antes de compartirlo con los demás.

Pero esa es sólo la teoría. En la práctica, son contadas las ocasiones en las que repaso lo que escribo. Suelo, eso sí, corregir expresiones o signos de puntuación, comprobar que no he cometido ningún error ortográfico y poco más.

Conozco autores que corrigen hasta la saciedad sus textos, algunos hasta el punto de que el resultado final poco o nada tiene que ver con la idea original. Ojo, esto no es una crítica. Me parece perfecto que el trabajo de un escritor le lleve del punto A al punto B siempre que el propio autor quede satisfecho con el resultado final, sea cual sea. No tiene por qué ser mejor o peor, creo que debe ser tan sólo el reflejo de lo que se quiere transmitir, nada más.

Corregir o no corregir, he ahí la cuestión. Por mi parte, corrijo lo indispensable, tal como apunté antes, pero es cierto que en ocasiones empiezo a darle vueltas a una idea y la redacto de mil formas distintas hasta que el resultado es satisfactorio. En ese momento me doy cuenta de que, a la hora de escribir, hay veces que el perfeccionismo me bloquea. Nunca suelo quedar satisfecho del todo con lo que escribo, pero que levante la mano aquél al que no le pase lo mismo. Se dice que un libro nunca se termina, que los escritores envían sus obras a editoriales para que sean publicadas o a concursos literarios tan sólo para no volverse locos, para dejar de darle vueltas. Porque siempre, siempre, hay alguna expresión, alguna coma o alguna idea que modificar. Y eso puede llegar a perjudicar el resultado final y la salud mental del autor.

Este es el momento en el que me pregunto por qué estoy escribiendo esto. La respuesta es que no hay respuesta, no ha sido algo planeado, tan sólo me apetece escribir y ha salido esto, el por qué lo desconozco. Y me encanta esta sensación.

Decía al principio que hoy es uno de esos días en los que estaría todo el día leyendo y escribiendo. Mañana de lectura, almuerzo y tarde de escritura. Café. Música tranquila de fondo -¿leéis o escribís con o sin música? En otra ocasión escribiré sobre ello-, papel, bolígrafo, ordenador y diccionario para consultas. Y tranquilidad, mucha tranquilidad.

Dicho esto, la realidad se abre paso. Y esta tarde, trabajo mediante, no podré escribir...

2 comentarios:

Argax dijo...

Escribir es evasión (leer también) pero con el paso del tiempo, con los años, creo que a ti te pasa lo mismo, ese escape, esa acción más o menos puntual, se ha transformado en hábito y de ahí a manera de ir por la vida.
Yo necesito leer y escribir para comprender el mundo, si no lo hago una sensación de que algo falta me asalta, como si lo que perciben mis sentidos fuera una parte de lo que hay.
Leer y escribir para completar y buscar.
Además, desaparecer mientras que se está en ello, es una de las sensaciones que no cambiaría por nada.

Un beso.

Ismael dijo...

No podría haberlo expresado mejor: "Evasión", "desaparecer", "sensación de que algo falta si no leo y escribo"...

Leer y escribir es, para mi, estar donde quiero estar y hacer lo que quiero hacer.

Por desgracia, a menudo tenemos que compartir más tiempo del deseable con indeseables, por eso cada día valoro más mis momentos de soledad y tranquilidad leyendo y escribiendo y los momentos que comparto con la gente que quiero.

El resto no es más que una impostura, un paripé que no me interesa, de que participo porque no tengo más remedio -al menos a día de hoy no veo cómo evitarlo, pero estoy seguro de que lo conseguiré- y del que no quiero formar parte.

Un beso.