viernes, 1 de febrero de 2013

Literatura de anticipación

Hoy voy a tratar el tema de la literatura de anticipación. Pero, ¿qué es eso de literatura de anticipación? Lo explicaré a través de algunos ejemplos que sorprenderán a más de uno.

Arthur C. Clarke, autor de “2001: Una Odisea en el Espacio”. Si hablamos de anticipación podemos hablar de un artículo que este autor escribió y publicó en 1945 en la revista “Wireless World”, en el que explica cómo la Tierra es orbitada por una red de satélites de telecomunicaciones que en aquella época aún no eran una realidad. Una idea que se llevaría a cabo 12 años después, cuando la Unión Soviética puso en órbita al Sputnik I. Por cierto, Clarke anticipó la puesta en marcha de satélites pero estaba bastante equivocado en cuanto a las fechas, ya que en más de una entrevista de la época insistió en que no creía que su idea pudiera hacerse realidad antes de finales del siglo XX. No se puede acertar en todo... 

William Gibson. Considerado el padre del cyberpunk -movimiento que mezcla el desarrollo de las tecnologías de la información con la descomposición social- y autor, entre otras, de obras como “Johnny Mnemonic”, libro llevado al cine en 2006 con Keanu Reeves como protagonista. Gibson popularizó el término “ciberespacio” a mediados de la década de los 1980. Fue el primero en desarrollar el concepto de “realidad virtual” y en su novela “Neuromante”, ganadora de los prestigiosos premios Hugo y Nébula, nos presenta un mundo virtual donde negocios y relaciones humanas se llevan a cabo a través de máquinas y cables. “Neuromante” fue publicada en 1984 y en este libro Gibson ya habla de una “red global” que se parece mucho a lo que hoy conocemos como internet. 
Para entender la importancia de estas anticipaciones y de las que siguen, es necesario situarse en la época y el contexto en el que fueron escritas, años en los que todo eso no era más que ciencia-ficción, aunque hoy en día lo veamos como algo cotidiano. 

Un exponente claro de escritor relacionado con la literatura de anticipación lo encontramos en el genial Julio Verne. Al margen de especulaciones más o menos imaginativas, lo cierto es que Verne no era científico, pero sí un escritor muy hábil, y estaba muy bien informado de las novedades científicas y tecnológicas de su tiempo. Estaba al tanto de los últimos avances de la ciencia en materias como geografía, geología, astronomía, física, y se las ingenió para novelarlas de forma atrayente y original. Dicho conocimiento lo llevó a anticipar muchos inventos posteriores a su época. 

Los ejemplos son muchos: 

Armas de destrucción masiva (“Ante la bandera”, “Los quinientos millones de la Begún”). 
Helicópteros (“Robur el Conquistador”). 
Grandes transatlánticos (“Una ciudad flotante”). 
Submarinos y motores eléctricos (“20000 leguas de viaje submarino”, “La isla misteriosa”). 
Aparatos teledirigidos (“La sorprendente aventura de la misión Barsac”). 
Cine sonoro (“El castillo de los Cárpatos”). 
… 

También anticipó futuros descubrimientos y eventos históricos, como por ejemplo: 

Descubrimiento de las fuentes del Nilo (“Cinco semanas en globo”). 
Conquista de los polos (“Las aventuras del capitán Hatteras”, “La esfinge de los hielos”). 
Y tal vez la anticipación verniana más famosa de todas: El viaje a la Luna (“De la Tierra a la Luna”, “Alrededor de la Luna”): Verne imagina un proyectil hueco en cuyo interior viajan los astronautas, elige la península de Florida como lugar de lanzamiento (muy cerca de Cabo Kennedy), describe el fenómeno de la falta de gravedad que sufren los astronautas en el espacio exterior y, por último, hace que su nave regrese a la Tierra cayendo en el océano Pacífico a una distancia aproximada de 4 kilómetros de donde cayó el Apolo VIII, la primera nave tripulada que realizó una órbita lunar. 
Tras la publicación de la obra, matemáticos y astrónomos repasaron con mucho cuidado los cálculos de Verne para intentar demostrar su falsedad, pero ninguno pudo rebatirlos. Velocidades, ángulos de lanzamiento, puntos de partida y de retorno... Todo había sido calculado con escrupulosa perfección por Verne. Estamos hablando de una obra, “De la Tierra a la Luna”, escrita en 1865, un siglo antes de las hazañas del Proyecto Apolo de la NASA.

Verne ha sido siempre motivo de controversia. Algunos sostienen que sus anticipaciones se explican por sus avanzados conocimientos de la ciencia de la época, mientras que otros creen que podría haber algo más. Sea como sea, lo cierto es que ahí están sus libros y no me cansaré de recomendarlos porque son muy buenos. 

Ahora vamos a centrarnos en dos autores que tienen un nexo común, un nexo de máxima actualidad por cierto. El pasado año se cumplió el centenario del hundimiento más famoso de la Historia de la navegación: El del Titanic. Por cierto, hasta abril quien lo desee puede visitar una estupenda exposición dedicada al Titanic en el Pabellón de la Navegación de la Isla de la Cartuja. 

Vamos a empezar con Morgan Robertson. Oficial estadounidense de la marina mercante y escritor. Popularmente conocido por una novela titulada “El hundimiento del Titán” -obra reeditada recientemente en España por Nórdicalibros-, también conocida como “Futility”, “Futilidad”. En esta obra, escrita en 1898, es decir, 14 años antes del hundimiento del Titanic, Robertson narra cómo un transatlántico llamado Titán se hunde en las aguas del océano Atlántico tras chocar con un iceberg.

Las similitudes entre el Titán y el Titanic van mucho más allá del nombre de ambas embarcaciones. Coincidencias asombrosas en cuanto a dimensiones, peso, capacidad de pasajeros... Lo más asombroso es que el libro fue escrito en 1898, 14 años antes del hundimiento del Titanic. 
Y es que las coincidencias entre el Titán de Robertson y el Titanic son muchas: 

1- El Titanic tenía una eslora de 269 metros. El Titán de 243,84 metros. 
2- Los dos buques estaban construidos enteramente en acero, con tres hélices y dos palos. 
3- Ambos buques eran considerados insumergibles, debido a sus numerosos compartimentos estancos: 19 en el Titán, 16 en el Titanic. Ambos navíos disponían también de portalones estancos: 92 en el Titán, 12 en el Titanic. 
4- Ambos estaban considerados como los barcos de pasajeros más grandes jamás construidos. 
5- Ambos podían transportar cerca de 3000 pasajeros. El Titán iba al completo, el Titanic llevaba 2235 personas. 
6- El Titanic tenía un desplazamiento de 66.000 toneladas. El Titán, 45.000. El peso bruto del primero era de 45.000 toneladas; el del segundo de 46.328. 
7- El Titanic tenía 46.000 caballos de vapor. El Titán, 40.000. 
8- Ambos buques llevaban un número insuficiente de botes salvavidas. El Titanic, 20; el Titán, 24. 
9- El Titanic navegaba a 22.5 nudos cuando chocó contra el iceberg. El Titán llegaba a los 25 nudos. 
10- Ambos buques iniciaron su viaje fatal en el mes de abril. En el relato de Robertson no se especifica el día. 
11- Ambos navíos chocaron a proa con un iceberg en torno a la media noche. 
12- Ambos navíos hacían la ruta entre Inglaterra y Nueva York. El Titanic había zarpado de Inglaterra hacia Nueva York, y era su viaje inaugural. El Titán hacía el recorrido inverso y completaba su tercer viaje de ida y vuelta. 
13- Ambos navíos chocaron con el iceberg en puntos que se encontraban a pocos centenares de millas el uno del otro. 
14- Ambos navíos eran propiedad de navieras inglesas, radicadas en Liverpool, con oficinas en América, en Broadway, Manhattan. Los principales accionistas de ambos buques eran americanos. 

La principal diferencia entre los dos desastres era que en el relato de Robertson murieron el doble de personas. En el Titanic perdieron la vida cerca de 1.500 personas, y en el Titán cerca de 3.000, sobreviviendo solamente 13 personas. 

La del Titán-Titanic, no obstante, no es la única premonición en la literatura de este autor. También escribió otra novela titulada “Más allá del espectro” en la que pronostica una futura guerra entre Estados Unidos y Japón, que tendría como punto de partida un ataque marino por sorpresa de los asiáticos a instalaciones norteamericanas. Esto se podría entender como una clara anticipación de lo sucedido en Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, escrita 27 años antes, en 1914. 

Algunos creen que son meras casualidades, ya que Robertson era marino mercante y podía tener conocimientos avanzados en la materia, pero otros creen que estamos ante una predicción de lo que sucedería años después. Al parecer, Robertson era una persona bastante peculiar y algunos sostienen que las drogas tuvieron mucho que ver con las “visiones” de las que partían algunos de sus relatos. De hecho, se cree que su muerte fue provocada por una sobredosis de yoduro de mercurio. 

Vamos a terminar con William Thomas Stead. Su historia tal vez es menos conocida que la del Titán de Robertson pero vais a ver hasta qué punto la anticipación de la que estamos hablando hoy puede llegar a límites asombrosos.

Stead fue un reconocido periodista de investigación y articulista inglés. A lo largo de su carrera publicó infinidad de relatos y artículos, pero hoy vamos a destacar uno de esos artículos, titulado "Del viejo mundo al nuevo", escrito en 1892 y publicado en el especial navideño de la revista “The Review of Reviews” de ese mismo año. En él relata cómo un buque llamado Majestic rescata a los supervivientes de otro barco que había colisionado con un iceberg.

¿A qué os suena esa historia? Un barco que colisiona con un iceberg, un buque que acude al rescate de los supervivientes... Pero hay más. Insisto, todo esto fue escrito 20 años antes de la tragedia del Titanic. En el artículo de Stead aparece el nombre de la naviera White Star Line, la misma del Titanic. Pero es que además, en esta historia los supervivientes son rescatados por el buque Majestic, que hace referencia a un barco real que en aquel momento capitaneaba ¿adivináis quién? Edward John Smith, el que 20 años después sería el primer y único capitán del Titanic. 

Vamos más allá. En un relato anterior, de 1886, Stead también escribe sobre el hundimiento de un barco y la pérdida de muchas vidas a causa del insuficiente número de botes salvavidas. 

Pero hay un último giro en esta sorprendente historia y lo protagoniza el propio Stead. ¿Sabéis cuándo murió William Thomas Stead? La madrugada del 15 de abril de 1912, a bordo del Titanic. El hombre que tanto escribió sobre los peligros del mar y de los modernos transatlánticos fue víctima de su propia anticipación. Jamás se pudo recuperar su cadáver.

El programa en el que hablamos sobre literatura de anticipación, programa nº260 de "Voces del Misterio", está disponible en Ivoox y podéis escucharlo y/o descargarlo aquí.

4 comentarios:

Argax dijo...

Cada vez mejor Ismael.

Interesantísimo el artículo. Y los dos últimos casos que nos dejas pues casi parecen premoniciones de cualquier pitonisa, Inquietante.

En su momento me leí el Neuromante de Gibson y aparte de su "toque" premonitorio de lo que sería después internet es un libro que engancha, el ciberpunk tiene su punto.

Ismael dijo...

Muchas gracias, la verdad es que en este caso se podría decir no que la realidad supera a la ficción, sino que la confirma.

Siempre me han llamado la atención las anticipaciones en literatura. Es cierto que la mayoría pueden ser explicables o meras coincidencias, pero no es menos cierto que algunas son asombrosas.

Gracias por tu comentario, un beso.

allan dijo...

excelente,lo pongo en mi blog http://julesverneastronomia.blogspot.com

Ismael dijo...

Muchas gracias allan, vistaré tu blog. Todo lo que rodea al maestro Julio Verne me interesa.
Un saludo.