viernes, 1 de marzo de 2013

"El asesino de la regañá", Julio Muñoz Gijón

"El asesino de la regañá"
Julio Muñoz Gijón (2012)
Editorial Seleer
Entre ayer y hoy, en dos ratos he empezado y terminado de leer un libro que desde que se presentó tenía mucha curiosidad por leer: "El asesino de la regañá".

Su autor, el periodista Julio Muñoz Gijón, más conocido como Sevillano Profundo (@Ranciosevillano) gracias a sus impagables tuits en la red social Twitter, nos presenta su primera novela, un disparatado relato policíaco en el que las fuerzas del orden deben desenmascarar a un peculiar asesino que se dedica a liquidar a los "modernos", aquellos que pretenden acabar con las sevillanas maneras que la parte más rancia de la ciudad no está dispuesta a perder. El modus operandi del asesino no es otro que el apuñalamiento con el filo de... una regañá.

Transcribo la sinopsis del libro porque no tiene desperdicio:

¿Y si hubiera un serial killer de sevillanas maneras? 
¿Y si mandara una nota al ABC después de cada crimen? 
¿Qué pasaría si confabulara en Cash Badia, alternara en El Tremendo o se hablara de él en el Garlochi?
¿Y si los sospechosos fueran caras conocidas de la Sevilla más tradicional? ¿Soportaría el presidente de uno de los equipos de fútbol de la ciudad un interrogatorio sobre un asesinato solo con un zumo de naranja? ¿O un artista de la canción ligera? ¿Y una pareja de humoristas? ¿Y todos los demás?
¿Y si ese violento paisano asesinara... Con una regañá y solo a modernos?
Ya está aquí la novela que Sevilla no quiere que leas.

Las pesquisas policiales nos presentan algunos de los lugares y personajes más conocidos de la ciudad: Manuel Ruíz de Lopera, José Manuel Soto, Los Morancos; no podían faltar bares como "Blanco Cerrillo", "El Tremendo", "Garlochi" u otros lugares emblemáticos de la ciudad como la Basílica de la Macarena, la Maestranza, el Hospital Virgen del Rocío -o, como tiene que ser, de toda la vida, García Morato- y un sinfín de rincones y anécdotas que todo sevillano conoce. Todo ello con el objetivo de desentrañar los misteriosos asesinatos en serie que se cometen en las jornadas previas a la semana santa y que amenazan con provocar el desastre en la noche más importante del año "capillita": "La madrugá".

He de reconocer que me he divertido leyendo este libro. Por una parte, se cachondea de la parte más "rancia" de la ciudad, aquella cuyo inmovilismo, en mi opinión, ha provocado que Sevilla aún no haya llegado al siglo XXI en muchos aspectos. Por otra parte, la crítica me ha parecido demasiado tibia y en mi opinión se queda muy corto a la hora de repartir estopa a los "naftalinos". Yo hubiera hecho más sangre, pero es evidente que el autor ha preferido utilizar la ironía y no sacar los pies del tiesto, algo que puedo entender aunque no lo comparta.

El tema da para mucho y no creo que deba entrar en él ahora. La novela es un divertimento que consigue arrancarnos una sonrisa en más de una ocasión a costa de la vergüenza ajena que producen algunas situaciones que a quienes son de fuera entiendo que les puedan parecer surrealistas pero que, a los que somos de aquí, no nos sorprenden. Porque, al fin y al cabo, Sevilla es así, para lo bueno y para lo malo. Y mucho me temo que esto último tiene poco arreglo, al menos de momento. Disfrutad del libro.

3 comentarios:

Argax dijo...

Pues a ver si me lo pasas, que ya sabes que a mí estas cosas me gustan mucho. Lo de asesinar con el filo de una regañá me parece una genialidad.

Fesaro dijo...

Las risas estan aseguradas y aunque para mi gusto no es un libro de 10 como lo pintan algunos, tiene mucho arte.

Ismael dijo...

El libro se lee de un tirón, en dos ratos está listo. Ni mucho menos es un libro de diez pero no creo que el autor lo haya escrito con mayor pretensión que la crítica y arrancar unas sonrisas a los lectores, y la novela cumple a la perfección en esos aspectos.

Un buen ejemplo de que hay que reírse de todo, y cuando digo de todo es DE TODO. Caiga quien caiga y joda a quien joda. Y esta ciudad, con sus cosas muy buenas que también las tiene, se presta a mucho cachondeo con tanto rancio inmovilista.

¡Más madera!