jueves, 14 de marzo de 2013

Momento de reflexión

Hace ya unos días que no escribo en el blog. Como ya he comentado en alguna ocasión, llevo varias semanas de baja en el trabajo y los médicos me han pedido que desconecte de todo, especialmente de aquello que me produzca el mínimo estrés o la mínima ansiedad. Entonces, sin avisar, llega un momento de reflexión:

Escribir en el blog te relaja, te ayuda, pero entre unas cosas y otras también has estado bastante desconectado en los últimos días. Tienes pendiente escribir sobre algunos libros que has estado leyendo y sobre otras muchas cosas, pero tendrás que dejarlo para otro momento ya que ahora, la verdad, no te apetece ponerte a ello.

Son días extraños para ti. Después de muchos meses acumulando estrés y viviendo permanentemente encabronado, empiezas a ser tú mismo de nuevo. Estás en pleno proceso de recolocación de todo lo que rodea a tu vida y eso implica cambios.

Es un proceso complejo, una especie de inmenso sistema de archivos que te permite poner sobre la mesa, en primer lugar, todo lo que influye de una u otra manera en tu vida, a todos los niveles. A partir de ahí, toca colocar cada cosa en su sitio. Te has dado cuenta de que había cosas que no estaban donde tenía que estar y con el paso del tiempo has permitido que el estrés y la ansiedad se fueran incrementando, hasta el punto de que tu mente y tu cuerpo han dicho basta.

Hay cosas que van directamente a la papelera de reciclaje. Y eso es lo que hay. Porque no tendrían que estar ahí, porque no merecen que malgastes ni un segundo de tu vida en ellas.

Hay otras cosas que, simple y llanamente, no estaban en su sitio y tienes que colocarlas en el archivo correcto, esto es, situarlas donde deben estar y darles la importancia que tienen, ni más ni menos.

Por último, están las cosas que necesitas, aquellas que más te importan y que te ayudan a ser el que eres y a sentirte bien con tu vida. Son cosas -es evidente que el concepto "cosas" incluye a las personas que forman parte de tu vida- que tal vez en los últimos meses, debido a tu malestar general, has tenido un poco abandonadas o no les has dado el protagonismo que deben tener, pero quieres que sigan ahí y son tu razón de ser: Tu novia, tu familia, tus amigos, tus aficiones imprescindibles...

Todo esto, que ahora aparece tan nítido en tu mente, esto que parece tan simple, tan sencillo, no lo es tanto. De hecho, estás seguro de que muchos tal vez se sentirían mejor con ellos mismos si se pararan a pensar en estas cosas, pero la vorágine vital en la que nos vemos inmersos, sea cual sea nuestra voluntad, a menudo no nos deja ver más allá del día a día. Por la parte que te toca, te sientes mucho mejor desde que eres consciente de todo esto.

Vivimos en un mundo en el que tendemos a magnificarlo todo, a darle una importancia desmesurada a cosas que no la tienen. En parte porque nos lo inculcan así desde pequeños, nos meten en la cabeza mucha basura e ideas preconcebidas que uno no suele replantearse a menos que le pase algo como lo que te está sucediendo a ti. 

La salud está ahí. No te parabas a pensar en estas cosas mientras te sentías fuerte, capaz de llevarlo todo para adelante. Hasta que la mente, el cuerpo, avisan. Dicen basta. Entonces, te sientes débil, vulnerable, y te das cuenta de que hay cosas en tu vida que has descuidado y debes retomar el control.

Tal vez es tan sólo una cuestión de dar a cada cosa la importancia que tiene. Y estás en ello.

2 comentarios:

Fesaro dijo...

Mucho animo compañero

Ismael dijo...

Gracias Fer, poco a poco todo se está colocando en su sitio.

Imagino que son cosas que a todos nos pasan en algún momento, pero lo que tengo muy claro es que es necesario y que es para bien.

Un abrazo.