jueves, 21 de marzo de 2013

"Top Secret: Lo que los gobiernos ocultan", Santiago Camacho

"Top Secret: Lo que los gobiernos ocultan"
Santiago Camacho (2004)
Editorial EDAF
Estupendo libro de uno de los mayores especialistas de nuestro país en teorías de la conspiración. A lo largo de más de 200 páginas nos ofrece información relevante sobre algunas de las muchas “mentiras” que los gobiernos utilizan como arma para alcanzar sus fines más oscuros. 

Quiero centrarme en capítulo concreto del libro, el capítulo IX, bajo el sugerente título de “Armamento biológico: La medicina de la muerte”.

Mucho se ha escrito sobre el temor que despierta en los gobiernos el posible acceso de organizaciones terroristas a armamento biológico, pero hay hechos innegables que ciertos sectores de poder intentan por todos los medios a su alcance que no lleguen a la opinión pública: El acceso de esos mismos gobiernos a dicho armamento y su utilización, en muchas ocasiones, con fines cuanto menos dudosos, cuando no directamente terroristas. Experimentos de todo tipo utilizando como conejillos de indias a militares o incluso a civiles, con o sin su consentimiento. 

La guerra biológica, al contrario de lo que pueda parecer, no es algo nuevo. Existen crónicas medievales en las que se afirma que algunas de las grandes epidemias de la época pudieron surgir de diversos experimentos que se fueron de las manos, a veces sin intención y otras “dejándose llevar” para comprobar los efectos que pudieran tener sobre la población. 

Por poner un ejemplo de primitiva guerra biológica, podemos hablar del asedio de Caffa, actual Feodosiya (Crimea), en el año 1347. Las tropas turcas catapultaron sobre las murallas cadáveres de víctimas de la peste para provocar una epidemia dentro de la ciudad. Esto a su vez provocó que barcos genoveses que huían de la ciudad introdujeran el bacilo de la peste hacia el interior de Europa, siendo el origen de la famosa “Muerte Negra”, la epidemia más famosa de la Historia, que asoló Europa, Cercano Oriente y África del Norte. 

Este libro de Santiago Camacho me permitió conocer la historia de Shiro Ishii, militar japonés, un demente que soñaba con la edificación de un gran imperio japonés cimentado por la amenaza del armamento bacteriológico. 

Al frente de la siniestra unidad 731, en la remota zona de Pingfan, bajo su mando se pusieron en marcha experimentos atroces que bien podrían equipararse a los peores crímenes nazis. En los años 1930 y 1940 se llevaron a cabo experimentos que ponen los vellos de punta: 

- Uso de gas venenoso contra tropas chinas. 
- Aviones que soltaron bacterias sobre población civil. 
- Producción de cantidades ingentes de gérmenes y toxinas, más de ocho toneladas al mes en su época de mayor esplendor. 
- Experimentos con ciudadanos coreanos, chinos y rusos primero y, una vez comenzada la II G.M., con estadounidenses, británicos y australianos, a los que se les inyectaban diversos sueros o sufrían exámenes más detallados que incluían la introducción de sondas por todos los orificios de su cuerpo. 
- Disección de cadáveres. 

Algunos prisioneros japoneses capturados por los marines estadounidenses contaron cómo Ishii esperaba ansioso nuevas remesas de prisioneros para continuar con sus experimentos. Al parecer, se encontraba especialmente orgulloso de su granja de pulgas infectadas con la peste bubónica, algunas de las cuales fueron soltadas en varias ciudades chinas iniciando epidemias. 

Los prisioneros eran inoculados con enfermedades como la tuberculosis, meningitis, botulismo, ántrax, tétanos, peste bubónica y otras. Para comprobar los efectos de estas enfermedades sobre el cuerpo humano, muchos, ya enfermos, eran obligados a correr hasta caer muertos o eran dejados desnudos a la intemperie a temperaturas de 40º bajo cero para comprobar el comportamiento del virus en climas fríos. Algunos, en el colmo del horror, eran atados a las mesas de operaciones y diseccionados vivos, por supuesto sin anestesia. 

Fotografías, documentos, resultados de ensayos clínicos y autopsias... Todo está documentado desde el final de la II Guerra Mundial pero, ¿qué pasó al finalizar la contienda? Pues que así se escribe la Historia: En lugar de ser severamente castigado, el general estadounidense Douglas MacArthur "olvidó" la horrorosa suerte sufrida por muchos seres humanos a manos del demente japonés, entre ellos muchos compatriotas suyos. MacArthur ofreció a Ishii y a su equipo absoluta inmunidad por los crímenes de guerra cometidos por la unidad 731 a cambio de que facilitasen a Estados Unidos todos sus resultados. Lógicamente el japonés aceptó, viviendo plácidamente el resto de sus días e incluso dio algunas conferencias y también se cree que colaboró como asesor durante la guerra de Corea, donde los americanos podrían haber utilizado armamento biológico, aunque esto no pudo comprobarse al cien por cien. Es tan difícil probar aquello que un gobierno no quiere que salga a la luz... 

Este es sólo uno de los muchos temas que Santiago Camacho aborda en esta obra: Mentiras gubernamentales, proyecto HAARP -¿un arma para modificar el clima?-, experimentos de control mental, el manual de interrogatorios de la CIA... Un autor y un libro muy recomendables para aquellas mentes inquietas que no se conforman con la información manipulada, sesgada y censurada que ofrecen todos los gobiernos del mundo, sean del signo político que sean.

2 comentarios:

Argax dijo...

De este general hablasteis en el programa de radio no. No, ahora recuerdo, fue un día que me lo comentaste en persona y se me pusieron los pelos como escarpias.

El libro bien merece el rato que requiera leerlo.

Ismael dijo...

Es cierto, este artículo lo escribí para reseñar el libro en el programa, pero al final no dio tiempo, aunque no descarto que en algún otro programa salga a la palestra. Ahora lo he retocado un poco para publicarlo en el blog.

Lo de Shiro Ishii sí te lo comenté, la verdad es que no conocía la historia y a mi también me impresionó mucho, esta y otras de las que aparecen en el libro.