jueves, 9 de mayo de 2013

"El Más Allá Existe", Lino Sardos Albertini

"El Más Allá Existe"
Título original: "Esiste l´al di là"
Lino Sardos Albertini (1985)
Pena/Millet Editors (1994)
Hoy me gustaría recuperar un caso que en su día tuvo mucha repercusión y que, por el tiempo transcurrido, tal vez muchos de quienes lean estas líneas no recuerden. Creo que es importante recordar casos interesantes de los que ya apenas se habla pero que están ahí, manteniendo ese aura de misterio sin resolver. En algunos casos, porque en su momento no se investigó lo suficiente. En otros porque, tras mucho indagar, se llegó a una conclusión habitual en esto del misterio: La respuesta es que no hay respuesta, los fenómenos están ahí pero a día de hoy no tenemos las herramientas suficientes para encontrarles explicación. Ahí reside parte de su encanto... 

Descubrí este caso en 1996, gracias a un estupendo artículo, que por cierto aún conservo, de Mitxel Casas para la revista Enigmas (“El Más Allá Existe. Entrevista a Lino Sardos Albertini”. Mitxel Casas, Revista Enigmas, Año II, Nº3, páginas 52-57. Marzo de 1996). 

Para ponernos en situación, tenemos que viajar en el tiempo nada más y nada menos que 32 años atrás. El 9 de junio de 1981 Andrea Sardos, de 26 años, salió en su coche Dyane 6 desde Trieste con la intención de pasar fuera de casa unos días de vacaciones. Dijo a sus padres que volvería en cuatro o cinco días. 

El 15 de junio, seis días después de su partida, y sin haber tenido noticias de su hijo desde cinco días antes -algo impropio de Andrea, un chico muy responsable-, los padres iniciaron la búsqueda. Averiguaron que había retirado de su cuenta tres millones de liras para la compra de un coche de segunda mano en Turín. En este punto empezaron las sospechas, ya que cabía la posibilidad de que, al llevar tanto dinero encima, pudiera haber sido víctima de un robo o algo peor. 

Junto a Andrea, el gran protagonista de este caso fue su padre, Lino Sardos Albertini, abogado de Trieste -por cierto, fallecido hace unos años-, que no cejó en su empeño de descubrir qué había ocurrido con su hijo. 

Tras una búsqueda infructuosa de casi dos años, a través de un cliente de su bufete Lino Sardos contactó con una médium que, según le dijeron, podría contactar con Andrea. En este punto es necesario hacer una aclaración. El padre de Andrea era un hombre profundamente católico, practicante, poco dado a creer en la parapsicología o aceptar supuestos mensajes del Más Allá. Creía que había algo después de la muerte, ya que era católico, pero no en que desde el otro lado se pudiera contactar con nuestra realidad. Sus propias convicciones lo frenaban en el momento de valorar esos contactos como posibles y llegó a sentir incluso que se apartaba de la fe cristiana. Los acontecimientos posteriores, no obstante, hicieron desaparecer los recelos iniciales del abogado. 

La médium, por cierto, no quiso cobrar ni una lira y exigió mantener el anonimato bajo el nombre de “señora Anita”, ya que no se dedicaba profesionalmente a ello. Esto, a mi entender, es un punto a favor de la veracidad de los hechos, ya que esta mujer en ningún momento buscó reconocimiento ni beneficio económico alguno. 

Su método de trabajo era muy sencillo: La escritura automática. Apoyaba sobre su mano izquierda abierta un rotulador u otro instrumento de escritura y el rotulador se movía de arriba a abajo -no de izquierda a derecha, como es habitual-. La velocidad de escritura difería, desde una lentitud desesperante hasta una velocidad increíble. Es más, al parecer la médium desconocía el contenido de lo que escribía hasta que no se procedía a su lectura. 

Los contactos tuvieron una serie de confirmaciones que vencieron los recelos iniciales de Lino Sardos. A los pocos días, Andrea les envió saludos para una serie de personas que no conocían de nada, de parte de alguien que había fallecido en esas fechas. Para localizarlos, les transmitió el siguiente mensaje: “Mirad el periódico de hoy...”. Allí estaba la esquela de la persona que supuestamente enviaba saludos desde el otro lado a sus seres queridos, cuyos nombres coincidían con los que había transmitido Andrea. 

Pero lo más sorprendente estaba por llegar. Las respuestas de Andrea sobre su muerte llevaron a Turín, a la zona del Parque Valentino, en el lecho del río Po, bajo tierra, junto a las raíces de un gran árbol. Con su mujer Bianca y la médium, Lino Sardos se desplazó hasta allí. Las indicaciones de Andrea fijaron el lugar exacto. Sardos contrató a unos buceadores, pero el Po se encontraba en plena crecida y el barro impedía la visión a pocos centímetros. En cualquier caso, la inspección puso de manifiesto la existencia de una gran masa de fango y raíces. Se comprobó que era la única parte del dique bordeada de árboles, por lo que el cuerpo de Andrea podía estar retenido allí. 

Impaciente, ya que tendrían que esperar a que el río estuviera en mejores condiciones para continuar con la búsqueda, Lino Sardos hizo tomar unas fotografías con película de rayos infrarrojos. Pues bien, en tres de las imágenes aparecía la forma de un cuerpo con las características del de Andrea. Cerca del lugar, apareció un saco de plástico que pesaba mucho; Andrea informó que fue atado a él y lanzado al río, quedando su cuerpo enganchado a unas ramas. 

Con todos esos datos, Sardos se dirigió a los bomberos y, tras salvar múltiples trámites burocráticos, provistos de una barca sondearon el fondo con arpones. Consiguieron extraer una pernera de pantalón desgarrada de 116,5 cm de larga, la cual se correspondía con la altura de Andrea (1,96 m.). También extrajeron un calcetín que medía 30 cm y era del tipo y tamaño utilizado por Andrea. 

A partir de ahí se intentó recuperar el cuerpo desecando el dique, utilizando una pala excavadora que extrajera el barro. No pudo localizarse nada más. Dos años y medio después, el esqueleto habría adquirido el mismo color del barro y estaría a una buena profundidad. Hay que recordar que los hechos tuvieron lugar a principios de los años ochenta, por lo que muchos de los adelantos con los que contamos hoy para localizar cuerpos no existían... 

Andrea explicó en sus mensajes, con todo lujo de detalles, cómo fue asesinado. Al parecer, conoció en Turín a un joven llamado Marco, con quien comentó que quería comprar un coche de segunda mano. Este le puso en contacto con un tal Baffo, el cual le llevó en su coche a ver un modelo rojo que le interesaba. 

Mientras hablaba con él, aparecieron otros cuatro individuos por la espalda y le golpearon en la cabeza. Uno llevaba un gran anillo con una piedra negra. Le golpearon repetidamente y cuando vieron su cartera repleta de dinero se volvieron locos y le clavaron una navaja. 

Andrea no sabía si Baffo los conocía o no. Los otros cuatro hombres llevaron el cuerpo de Andrea -ya estaba muerto- en el coche hasta el Parque Valentino, le ataron al saco que posteriormente encontrarían los buzos y lo lanzaron al río desde el puente para librarse del cadáver. Este fue el relato de los hechos que narró Andrea, a través de la médium, y que permitió localizar su cuerpo, aunque no pudo ser recuperado. 

Lino Sardos publicó un libro en 1985, titulado “El Más Allá Existe”, donde contaba su experiencia. El libro se hizo muy popular, así como la historia de Andrea. Fue traducido a varios idiomas y en 1994 Pena//Millet lo publicó en España.

Aún quedaba una última sorpresa en este caso. Trece años después de la muerte de Andrea, su padre, Lino Sardos, recibió una llamada de alguien que le informó que, habiéndose visto involucrado en un proceso judicial, había tenido ocasión de conocer a una persona de Turín apodada Baffo. El colaborador le facilitó su nombre completo y lugar de nacimiento. Lino Sardos contrató una agencia de investigación privada, confirmó la existencia del tal Baffo y que se encontraba encarcelado cumpliendo una condena. 

Tras tramitar los correspondientes permisos, Lino Sardos consiguió entrevistarse con Baffo. Le mostró cuatro fotografías de Andrea y Baffo, sin dudarlo, lo reconoció. Le confirmó que se hallaba en un hangar con Andrea, en una calle cuyo nombre dijo no recordar, cuando cuatro jóvenes desconocidos, probablemente drogados, entraron en el lugar y asesinaron al joven, robándole la elevada suma de dinero en efectivo que llevaba en la cartera. 

De este modo, Lino Sardos terminó de confirmar el triste final de su hijo Andrea y de paso supuso el espaldarazo definitivo a unos hechos inexplicables que, con el paso de los años, el propio Sardos, como hombre muy católico que era, utilizó para dar esperanza a muchas personas, muchas de las cuales se pusieron en contacto con él para asegurarle que su libro les había cambiado la vida, servido para perder el miedo a la muerte o para superar la pérdida de un ser querido.

El programa en el que hablamos de este caso y recomendamos este libro, programa nº288 de "Voces del Misterio" (3 de mayo de 2013), está disponible en Ivoox y podéis escucharlo y/o descargarlo aquí.

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