miércoles, 12 de junio de 2013

Cosas que importan

Eres socio fundador de todo, iniciador de mucho, continuador de poco y finalizador de nada. Tal vez por ese motivo, en tu adolescencia, cuando jugabas un día sí y otro también al fútbol, tu posición en el campo era la de delantero. Iniciabais la jugada entre todos, unos cuantos la continuabais, y la finalizabas tú. Tenías que hacerlo, te obligabas a ello.

Siempre te ha costado mantener la ilusión por las cosas. Con el tiempo, has ido descartando una tras otras las aficiones que no te terminaban de llenar. La mayoría las empezabas con mucha fuerza, con ilusión, pero poco a poco sentías cómo ese ánimo se iba desinflando, hasta dejarlas a un lado para siempre. Aún te ocurre hoy en día con muchas cosas, pero has aprendido algo importante, y es a aferrarte a lo que de verdad te motiva. El tiempo te ha enseñado a orientarte hacia las cosas de las que sabes que jamás te vas a cansar.

Es importante que sepamos qué nos mueve. Tú tardaste mucho, demasiado quizá, en ser consciente de ello. Todos hemos dado palos de ciego en algún momento, pero llega ese instante en el que las cosas se empiezan a ordenar, descartas lo que no quieres en tu vida y te quedas con todo aquello que merece la pena.

Aún así, sigues considerándote un finalizador de nada. Pero eso va a cambiar. Ya está cambiando. Haces cosas que te gustan y con las que no te aburres ni crees que te aburrirás jamás. Tras un proceso de descarte importante, las bases están puestas. Ya era hora.

Te gusta leer, te gusta escribir, te gusta pasar tiempo con tu pareja, amigos y familiares, te gusta viajar... Eso nos puede gustar a todos, ¿verdad? Cierto, pero si cada uno hace un repaso a su día a día, muchos se darán cuenta de que no dedican realmente el tiempo que deberían a todo eso que les hace sentir bien. Y la falta de tiempo no es excusa, siempre hay un hueco que dedicar a las cosas importantes.

Ahora llega el momento en el que piensas en todas las cosas que tienes que hacer hoy. Y es justo el mismo momento en el que te das cuenta de que ninguna, o casi ninguna, tienen absolutamente nada que ver con aquello que te gusta. Que no cunda el desánimo. Si no es hoy, será mañana, o esta misma noche cuando, al llegar del trabajo, puedas dedicar un rato a estar con tu pareja, a charlar, a leer, a escribir, a pensar en esas cosas que harás en cuanto tengas el próximo hueco libre. Y en ese momento sonreirás, y todo lo demás dejará de importar.

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