sábado, 29 de junio de 2013

Invierno luminoso

Eterna contradicción la mía. Soy optimista por naturaleza, pero mi estación del año favorita es el Invierno, una época oscura para muchos pero que para mi, en cambio, es luminosa. 

Cada año que pasa tolero peor el calor, y eso viviendo en una ciudad como Sevilla es difícil de llevar. Me gustan el frío, la nieve, la niebla, como aquella tan perfecta que me acompañó el año pasado en mi visita a Edimburgo.
Me encanta visitar lugares aislados, montañosos a poder ser, pueblos pequeños, perdidos en mitad de ninguna parte. El que para todos es un mes oscuro, el mes de los muertos lo llaman, noviembre, es para mi el comienzo del buen tiempo. La mejor época para viajar y perderme.

En noviembre del año pasado, sin ir más lejos, descubrí nuevos lugares donde desconectar del mundo, la Sierra de Segura. Hornos, Pontones, Segura de la Sierra... Pueblos pequeños, preciosos, rodeados de naturaleza, donde te invade una sensación de paz y tranquilidad difícil de encontrar en la ciudad. En lugares así uno es consciente del frenético estrés en el que se convierte nuestro día a día en la ciudad.

Hay personas que necesitan la civilización, el bullicio de gente, los centros comerciales, las calles atestadas, llenas de vida. Yo no, yo prefiero viajar a lugares apartados, donde siento que me transporto a otro plano de existencia, donde la vida transcurre a otro ritmo y me doy cuenta de lo mal montado que está todo, del caos absurdo en el que vivimos.
El frenesí urbano no está hecho para mi, pero he logrado al menos que no me destruya. Lo he pasado mal, he tenido mis más y mis menos, pero ahora vuelvo a ser yo, el que siempre he sido. Sigo pensando igual, pero llevo mucho mejor aquello que no soporto.

Una de las claves para lograr ese equilibrio es llenar mi vida de cosas que me hacen sentir bien. Soy consciente de que mi tiempo libre, por ahora, es limitado, y he decidido aprovechar al máximo el que tengo. Madrugo más, me siento más activo y encuentro hueco para casi todo: compartir más tiempo con mi novia, familiares y amigos; leer, escribir, pasear, tomar una cerveza, visitar librerías, comprar libros... incluso jugar un rato a la Playstation, por qué no. Estos hobbies, a los que hace unos meses apenas me apetecía dedicar mi tiempo, vuelven a ser importantes y me han ayudado a sentirme mucho mejor.

Siempre amanece. Tarde o temprano, por mucho que llueva, nieve o truene, las nubes se disipan y vuelve a lucir un Sol espléndido. Aún así, sigo deseando que llegue noviembre.

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