lunes, 8 de julio de 2013

Fin de semana de relax, buena compañía... y libros

Hoy me he levantado temprano, muy temprano, para ir a trabajar. Es lunes, comienza una semana en la que sólo tengo libre el miércoles y me he mentalizado para afrontarla de la mejor manera posible. Mi mente, en cualquier caso, va por libre. Y hoy estoy, pese a todo, relajado. No siento la opresión en el pecho que me torturaba hace unos meses, ni me palpita la sien como si me fuera a estallar la cabeza. Vuelvo a gestionar el estrés de una forma eficaz.

No creo que exista una fórmula mágica para controlar las emociones. De existir, nada sería tan fácil como aplicarla para dejar de pasarlo mal. Pero sí que hay herramientas que, bien utilizadas, ayudan y mucho a mejorar en este sentido. Este fin de semana, sin ir más lejos, he puesto en práctica una de las mejores que conozco, por no decir la mejor.

Tal como adelanté en un artículo anterior, el viernes me fui con mi novia y con unos amigos a Cala, en la provincia de Huelva. Llevábamos un tiempo planeando una escapada así, creo que todos la necesitábamos, y este fin de semana hemos logrado coincidir para pasarlo juntos.

El plan era sencillo y ha sido cumplido escrupulosamente: relax total, comida, bebida, piscina y buena compañía. Esto explica mi estado de ánimo actual. Pese a tener una dura semana por delante, he vuelto con energías renovadas y dispuesto a afrontar lo que venga.

El guión de lo ocurrido este fin de semana podéis imaginarlo. Ocho amigos, dos bebés, mucha comida, mucha bebida, mucho calor -mitigado por una fantástica piscina y por esos enormes muros de las casas de pueblo de toda la vida- y las ganas que teníamos todos de descansar y disfrutar en compañía.
El sábado, además, fue mi cumpleaños. Mi novia me ha regalado un libro, La librería encantada (Christopher Morley, 1919; editorial Periférica, 2013), segunda parte de La librería ambulante que leí y reseñé el año pasado y que tanto me gustó. Mis amigos, por su parte, me han regalado un par de ampliaciones del Bang!, un juego de cartas muy divertido con el que ya hemos pasado algunos buenos ratos y que estoy seguro se repetirán más a menudo a partir de ahora.

He disfrutado mucho de todo y con todos. Y al llegar la noche, las estrellas del firmamento nos han regalado una visión espectacular. Allí, en la sierra, en mitad de ninguna parte, con las luces de la casa apagadas y noche cerrada, he podido contemplar el cielo más estrellado que recuerdo desde que hice el Camino de Santiago, hace ya muchos años. Una maravilla. La Vía Láctea se podía admirar a simple vista, como una senda que marca el camino, un espectáculo digno de ser disfrutado.

Como no podía ser de otra forma, este fin de semana no han faltado los libros. Me encanta meterme en la piscina, por la parte que menos cubre, y colocarme en el borde a leer. Me llevé tres libros, aunque sabía que no iba a tener mucho tiempo que dedicar a la lectura. No obstante, me he llevado una sorpresa inesperada -valga la redundancia, ya que si hubiera sido esperada habría dejado de ser sorpresa-, cómo no, relacionada con los libros.

El viernes, cuando estábamos preparando mesas, sillas y sombrillas, reparé en una caja que asomaba bajo unas tablas en el doblado de la casa. Sólo tuve que acercarme un poco para comprobar cuál era su contenido: libros. Acto seguido, pregunté a mi amiga si podía echar un vistazo. Me dijo que sí y no sólo eso, sino que me llevara los que quisiera. Los libros eran de un vecino que falleció hace años. Sus familiares iban a deshacerse de ellos cuando, por suerte, la madre de mi amiga los vio. Evitó que se consumara el libricidio, se los pidió a sus nuevos propietarios y estos se los dieron gustosos, imagino que pensando que se quitaban un peso de encima. Me estremece comprobar el trato que algunas personas dispensan a la cultura...

Con el beneplácito de mi amiga, ayer por la tarde regresé al doblado para inspeccionar la caja causante de mis desvelos. Coloqué un paño sobre una tabla de madera, convertida para la ocasión en una improvisada mesa. Su aspecto viejo y desvencijado se transformó al depositar, con mucho cuidado, algunos de los ejemplares que contenía la caja. Había libros de diversos géneros y autores, algunos contemporáneos, otros de épocas pasadas. Los fui repasando; todos tenían algún interés. Me sentía como un niño que descubre el mayor de los tesoros y, tras un pormenorizado repaso, tomé como botín tres libros.
El primero de ellos es un libro de relatos titulado Azazel (Isaac Asimov, 1988; editorial Plaza & Janés, 1989), dieciocho fascinantes narraciones cortas de género fantástico del autor de obras tan importantes como la saga Fundación o Yo, Robot.
Al segundo no me pude resistir por el sabor añejo que destila a historias de ovnis y abducciones extraterrestres, que tanto se prodigaron en los años ochenta. El mensaje de otros mundos (Planeta, 1982) es un libro escrito por el historiador Eduardo Pons Prades en el que narra su presunta abducción extraterrestre, ocurrida durante unas vacaciones en los Pirineos en el año 1981. Pons Prades fue un importante intelectual de la época, especializado en la Guerra Civil española, que puso todo su empeño en escribir y publicar este libro pese a ser consciente de que podía poner en tela de juicio su prestigio como historiador.
Por último, rescaté un espléndido ejemplar de una obra poco conocida, sobre la que leí algo hace años y que me llamó la atención desde el principio. El libro se titula Los tres croatos o La estrella del destino y su autor es Agustín Rocagomera y Salasan, escrito en el año 1853. Novela histórica ambientada en el siglo XVII, el encanto de este ejemplar no sólo reside en la historia, curiosa cuanto menos, sino en la edición: Tapa dura -desconozco el material-, ilustrado con más de treinta láminas y con algunas anotaciones sorprendentes. La edición es preciosa y contiene algunos detalles dignos de mención, como la referencia a la censura de la época como paso previo ineludible para su publicación: Censura de novelas.=Madrid 31 de agosto de 1853.=Puede imprimirse.=El censor, C. M. de Rebolledo.=Es copia.

Conclusión: Una vez más, vuelvo con más libros de los que me llevé. Si el viernes metí en el equipaje tres libros, anoche regresé a Sevilla con siete, el que me ha regalado mi novia y los tres que he rescatado del doblado de la casa de Cala.

El fin de semana ha sido espléndido. Si hay que pasar calor, siempre es mejor que sea con una piscina a mano. Disfrutar de unos días así es lo que me permite recargar las pilas y afrontar lo que venga con optimismo y con la seguridad de que nada va a poder conmigo. Días así son los que me permiten salir adelante. Mañana por la tarde, próximas horas de recarga. Mientras, la desconexión del yo se hará efectiva de nuevo cuando entre en el trabajo, para volver a existir a la salida. A día de hoy, no conozco una forma más efectiva de gestionar mi estrés.

4 comentarios:

Fesaro dijo...

felicidades por tu mentalidad, por tu finde y por tu suerte jodido . Como el Betis Isma, estábamos en la uvi pero vamos a salir para adelante si o si

Ismael dijo...

Gracias Fer. Y ya sabes, siempre adelante, siempre arriba. Un abrazo.

Encarna dijo...

Bueno, chicos. Si es que no hay nada como la Madre Naturaleza en estado puro y un buen libro (o varios) para recargarte las pilas a tope. También la compañía,claro.
Me alegra leeros tan bien.
Engamu

Ismael dijo...

Gracias Encarna, espero que tú también estés mejor. ¡Los X1 te echamos de menos! -aunque ya no existamos oficialmente como grupo jejeje-.
Un beso.