domingo, 14 de julio de 2013

¡La Justicia (como Teruel) existe!

justicia.
(Del lat. iustitĭa).
1. f. Una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece.
2. f. Derecho, razón, equidad.
3. f. Conjunto de todas las virtudes, por el que es bueno quien las tiene.
4. f. Aquello que debe hacerse según derecho o razón. Pido justicia.
...

En este mundo en el que vivimos, que la Justicia demuestre de vez en cuando que sigue existiendo no está nada mal.

Hace ahora ocho meses, mis compañeros y yo nos vimos obligados a denunciar a la empresa para la que trabajamos, después de que esta, sin justificación alguna a nuestro entender, decidiera de forma unilateral -las negociaciones con el comité no fueron más que un paripé- modificarnos sustancialmente nuestras condiciones laborales.

A partir de diciembre, pasamos a trabajar tres o cuatro días más al mes -haced las cuentas para todo el año-, dejamos de cobrar algunos de los pluses que nos correspondían y desaparecieron la secuencia y el cuadrante anual para, en su lugar, sernos impuestos cambios de turno mes a mes.

Todo esto, y algunas tropelías más, hicieron que los compañeros aunáramos esfuerzos -la mayoría, exceptuando lamentables excepciones que no vienen al caso- para presentar una denuncia en defensa de nuestros derechos.

La empresa, como tantas otras, alegó pérdidas económicas para justificar el atropello y así colarnos el famoso artículo 41 de la última reforma laboral -si no lo conocéis, leedlo, no tiene desperdicio-. Mis compañeros y yo, desde el principio, desconfiamos de la versión de la empresa. Sospechábamos, ahora sabemos que con razón, que no se trataba más que de una maniobra para obtener mayores beneficios a costa de los trabajadores. Aceptando barco como animal de compañía, en todo caso podíamos aceptar que la empresa tuviera menos beneficios, pero nunca pérdidas como querían hacernos ver.

Llevamos, por tanto, ocho largos meses sufriendo unas condiciones de trabajo leoninas, trabajando más, cobrando menos, con turnos impuestos cada mes, cambios forzosos, cargas de trabajo enormes, turnos de mañana, tarde y noche con tiradas descomunales, con poco descanso y horarios de sueño descompensados, que están provocando muchos problemas de salud a buena parte de la plantilla. Además, se da la circunstancia de que, por las características particulares de nuestro trabajo, tenemos que soportar bastante presión y situaciones tensas y delicadas que merman aún más nuestras fuerzas.

Estrés, ansiedad, hipertensión, problemas de espalda, trastornos del sueño... Un sinfín de síntomas que se han traducido en bajas, algunas de larga duración, con el consiguiente perjuicio económico para los trabajadores, algo desastroso si tenemos en cuenta el paupérrimo salario que cobramos.

En mi caso, desde diciembre he sufrido acúfenos, parestesias, migrañas, problemas circulatorios, dolores agudos de espalda, un síncope en el que llegué a perder la consciencia, con pérdida de memoria incluida... Todo esto ha tenido su reflejo en una baja de casi tres meses y muchos problemas no sólo físicos, sino también de estrés y ansiedad. A día de hoy me encuentro mejor, pero sólo gracias a los médicos, a la gente que me quiere y a mi voluntad por estar bien, ya que las condiciones de trabajo son, al menos hasta ahora, las mismas.

Pero dichas condiciones podrían cambiar. Y he aquí el meollo de este artículo. El pasado 25 de junio se celebró el juicio en el que un magistrado, después de escuchar a las dos partes y estudiar la documentación presentada por ambas, tenía que decidir si la razón estaba del lado de unos u otros. 

Hay que aclarar que la empresa, con la clara intención de ganar tiempo y dilatar al máximo el proceso ante lo que pudiera pasar, puso todo de su parte para que el juicio se celebrara lo más tarde posible. Hasta dos veces fue suspendido antes de que, por fin, quedara visto para sentencia.

La resolución nos fue comunicada el viernes y es concluyente: El juez ha decidido que no está justificada la modificación sustancial de las condiciones laborales a los trabajadores por parte de la empresa.

Más allá de la satisfacción que ha provocado una resolución así entre los compañeros, la justicia ha puesto de manifiesto un hecho, en mi opinión, muy grave: La empresa nos ha mentido, la empresa nos está explotando sin piedad para lograr mayores beneficios a nuestra costa, alegando unas pérdidas inexistentes. Y lo que es peor, lo está haciendo a costa de nuestro tiempo, de nuestra salud, de nuestra conciliación familiar, de nuestra vida.

Cuántas empresas de este puñetero país estarán explotando a sus trabajadores aduciendo inexistentes pérdidas económicas y aplicando la nueva reforma laboral con la que los políticos de turno les han servido en bandeja de plata los abusos a los empleados -insisto, leed el artículo 41, es impresentable-. Y cuántas de esas víctimas de los abusos de la patronal no denuncian los hechos por desconocimiento o, peor aún, por temor a las posibles represalias que puedan sufrir. Animo a todos los trabajadores a que se informen, a que denuncien los abusos. Nosotros lo hemos hecho y la Justicia -hoy, al menos, sí merece ser escrita con mayúsculas- nos ha dado la razón.

Tenemos un largo camino por delante. Es posible que la empresa recurra la resolución judicial, aunque ya ha quedado de manifiesto que no han jugado limpio. En esta ocasión, un juez ha puesto a cada uno en su sitio. Ojalá todo se confirme y dejemos atrás estos meses infernales. Nuestros derechos y nuestra salud están en juego.

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