jueves, 25 de julio de 2013

Los misterios del arte (II): Carlo Crivelli

Carlo Crivelli (h. 1430/1935 - h. 1494/1496) fue un pintor que, pese a los motivos sagrados que plasmó en su obra, no tuvo una vida demasiado virtuosa a ojos de la iglesia. Adicto al libertinaje y a los placeres carnales, su conducta no parece tener ninguna influencia en las obras profundamente religiosas que realizó este maestro del Quattrocento italiano, que hasta se permitió el lujo de añadir elementos extraños en algunas de sus composiciones pictóricas.

En 1486, Crivelli pinta para la Anunciata de Ascoli un cuadro que, para muchos, contiene algo que no debería estar ahí. Vaya por delante que, a diferencia del cuadro de Filippo Lippi sobre el que escribí en un artículo anterior, la anomalía de La Anunciación con San Emidio tal vez no sea tan explícita. Como siempre, vamos a empezar observando el cuadro en su conjunto:
En el cuadro se puede observar cómo el autor reemplaza al bíblico arcángel San Gabriel por un objeto esférico que lanza un potente rayo luminoso sobre la frente de la Virgen. Era relativamente frecuente que un rayo proveniente del cielo fuera el protagonista de la escena representada, pero la de Crivelli contiene algunas particularidades. Una observación atenta muestra cómo, junto a la Virgen, ese rayo procedente del objeto antes mencionado se convierte en una paloma. ¿Qué quiere transmitir el pintor? Muchos defienden que podría representar la creencia en una fecundación cósmica más que angélica. Aquí podéis observar mejor los detalles:
No obstante, como indiqué antes, esta anomalía no es tan contundente como la del cuadro de Lippi. Si observamos con detalle el objeto del que parte el rayo hacia la frente de la Virgen, podemos comprobar que tal objeto puede identificarse con la tan traída y llevada gloria de dios, esto es, nubes, rayos, truenos y corte celestial. En este caso, no podemos negar que la composición es muy sugerente:
Sea como fuere, lo cierto es que el lienzo, conservado en la actualidad en la Galería Nacional de Londres, es espectacular y da pie a todo tipo de especulaciones, con mayor o menor fundamento. No sé qué quiso transmitir Carlo Crivelli hace más de 500 años, pero no me negaréis que la imagen es muy curiosa.

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