jueves, 11 de julio de 2013

Mascarada

La mochila pesa más que nunca. Es temprano y, camino del instituto, Fernando piensa en el día tan duro que tiene por delante.

Hoy toca examen de matemáticas. Saldrá de clase a las dos y una hora más tarde, ya en casa, almorzará las deliciosas albóndigas que su madre le pone por delante cada miércoles. Hará los deberes después de comer para tener la tarde libre.

Mientras toma el postre, piensa en el plan de la tarde. Es sencillo: cargará con la mochila hasta el descampado situado tras la estación de trenes, enterrará lo que queda del cadáver de Ezequiel y hará desaparecer la sierra eléctrica que utilizó para trocear sus miembros. No sabe por qué lo ha hecho, no tiene motivo alguno para actuar así, pero el caso es que le ha gustado. Incluso ha cocinado algunos de los órganos de Ezequiel y ha ofrecido el manjar a su madre quien, sorprendida y en su ignorancia, le ha dicho que son los mejores higadillos que ha probado jamás. 

Llega el fin de semana. Fernando no sabe qué hacer; no sabe si llamar a su primo para jugar un rato a la consola o quedar con el hijo de sus vecinos. Para esto último deberá que recordar dónde ha escondido la sierra eléctrica.
Ismael

2 comentarios:

Argax dijo...

Yo lo veo como una afición que bien llevada puede ser muy útil para la sociedad.

Ismael dijo...

La eterna duda, jugar a la Play o matar a tanto hijo de puta suelto jejeje. En fin, de momento habrá que conformarse con el Resident Evil...