martes, 13 de agosto de 2013

Pobre José

Hoy me he levantado, no sé por qué, pensando en dios. Llamadlo dios, alá, buda (lo siento, me niego a poner en mayúsculas los inventos del ser humano) o como queráis. Resumiendo, he abierto los ojos esta mañana pensando en dicho concepto. Y me he hartado de reír.

Tal vez haya sido por el artículo que escribí el pasado sábado sobre La libertad del lector, que me hizo recordar mis años de estudiante. Hice EGB y BUP en un colegio religioso y no recuerdo cuántas misas me chupé y la importancia desmedida que se le daba a cosas que no tenían ni pies ni cabeza, el caso es que la religión, por desgracia, estaba presente a diario en mi vida de estudiante y llegó el día en que puse pie en pared y me negué a creer en algunas cosas porque sí. Empezó entonces un proceso de estudio personal en el que descubrí que la mayoría, por no decir todas, las creencias extendidas por el mundo no eran más que inventos del ser humano con las que muchos han manipulado la Historia y tienen montados unos chiringuitos que les proporcionan pingües beneficios desde hace siglos.

Dejando al margen el eterno conflicto ciencia-religión, ya que no me quiero meter en más fregados, al menos por el momento, cuando he despertado me han venido una serie de reflexiones que no puedo evitar compartir con todos vosotros.

He imaginado el siguiente diálogo entre José el carpintero y María, tras la anunciación: 

José: - ¿Que te ha visitado quién? ¿Que te ha dicho qué? ¿Qué dices de una paloma? ¿Que estás queeee? 
María: - Mira José, te juro que ha ocurrido tal como te cuento. Me ha visitado el arcángel Gabriel, el espíritu santo se me ha aparecido en forma de paloma y me ha dejado embarazada, pese a ser virgen y no conocer varón.

Ese José, con los ojos como platos, sin saber dónde meterse y pensando en el cachondeo que iba a haber en el pueblo a su costa...

Según los evangelios, así fue la concepción de Jesús de Nazaret. Y en esas estaba, dándole vueltas al tema y riéndome yo solo, cuando recordé algo más. En el imaginario colectivo católico, tal vez porque a la iglesia nunca le ha interesado desmentirlo, se tiene la certeza de que los cuatro evangelios fueron escritos por cuatro de los apóstoles que seguían a Jesús a todas partes. Los católicos imaginan a estos apóstoles detrás del de Nazaret, apuntando todo lo que este hacía y decía, y que por este motivo los evangelios son fieles a los hechos históricos. Nada más lejos de la realidad. Los evangelios fueron escritos muchos años después de la muerte de Jesús y es más que probable que no sean más que un batiburrillo fruto de la recopilación de textos de la época, escritos por personas que no tuvieron contacto alguno con el nazareno. ¿Recordáis el juego del teléfono, ese en el que, en cadena, una persona transmite de forma oral a otra un mensaje, que se va pasando hasta que el mensaje llega al último participante? Como sabéis, el mensaje transmitido de unos a otros llega al destinatario final adulterado por completo. Algo así pudo ocurrir con la redacción de los evangelios. La iglesia ha fomentado durante toda la Historia la ignorancia de la gente. Eso ha posibilitado que su poder se mantuviera durante siglos, basado en el miedo y las mentiras.

La concepción virginal de María, los hermanos de Jesús, la soltería del de Nazaret en una época en la que este hecho estaba mal visto... Las mal llamadas sagradas escrituras son una mina de oro, las incongruencias se cuentan por cientos. Eso sí, como libro de aventuras no está nada mal para los años que tiene.

Después de estas reflexiones mañaneras, he rezado mis oraciones y le he pedido a dios que, si existe, empiece a dar alguna a derechas...

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