lunes, 23 de septiembre de 2013

El diccionario de las sorpresas (casi) infinitas

El diccionario de la lengua española es una fuente inagotable no sólo de conocimiento; también depara a menudo sorpresas a los que nos gustan las palabras y sus significados. Sólo hay que abrirlo por una página al azar y estoy seguro de que cualquiera se sorprenderá con las acepciones de muchas palabras. Así, repasando términos relacionados con el mundo de los libros y de la escritura, he descubierto algunos que pese a conocerlos (al menos me sonaban), no sabía cuál era su significado concreto.

Ahora sé, por ejemplo, que existen varios términos para la acepción libro despreciable. Para un bibliófilo como yo, me cuesta aceptar que un libro pueda ser considerado despreciable, al menos como objeto, si bien es cierto que hay algunos que podrían merecer tal calificativo por otros motivos.

Los términos en cuestión son librejo, libracho... y libraco. Este último me ha sorprendido bastante, ya que su uso está bastante extendido, aunque la mayoría de las veces se utiliza sin darle un sentido despectivo o peyorativo. Cuántas veces hemos oído a alguien referirse a un libro que tiene muchas páginas con expresiones del tipo es un tocho o es un libraco. Es más, en algunas ocasiones escucho cómo alguien habla de libraco refiriéndose a un libro que le parece de gran calidad o que le ha gustado mucho: es un libraco o es un librazo. Un sentido totalmente opuesto al aceptado por la RAE.

La última expresión, es un librazo, también tiene su miga. Si acudimos de nuevo al diccionario de la RAE, el término librazo hace referencia al golpe dado con un libro, pero no a la calidad literaria del mismo.

Al fin y al cabo los usos del lenguaje, sobre todo a nivel coloquial, difieren a menudo del significado real o aceptado por la Academia. El eterno debate de si la RAE debe mostrarse inflexible e impermeable o debe adaptarse a los usos habituales del lenguaje tiene, para mi, una respuesta clara: la Academia debe (y en el Preámbulo de su diccionario lo refiere como uno de sus objetivos) valorar la implantación de nuevos términos o nuevos usos de palabras ya existentes y determinar si merecen ser incorporados en alguna de las revisiones de su diccionario. Al fin y al cabo ese es su trabajo. Hay términos y usos que responden a modas pasajeras, mientras que otros llegan para quedarse.

1 comentario:

Fesaro dijo...

Anda que no quedan cambios por hacer maese Ismael