miércoles, 25 de septiembre de 2013

Las claves de una mejoría

Lo repito muchas veces, a modo de mantra: escribir me relaja. Los últimos meses de 2012 y durante el primer semestre de 2013, mis niveles de estrés y ansiedad se dispararon y lo pasé bastante mal. Mi malestar psicológico, provocado en buena medida por la crisis (ver a los que me rodean mal me afectó bastante) y por el abusivo e injusto tratamiento que desde entonces nos dispensa la empresa para la que trabajo, conflicto judicial mediante (con juicio ganado a la espera de recurso; escribí sobre ello aquí y aquí), se somatizó y sufrí importantes problemas físicos. Algunos de ellos persisten y puede que jamás desaparezcan, como los acúfenos, y otros como las parestesias han mejorado o incluso remitido por completo.

Ahora me encuentro bien, cada día mejor; me siguen jodiendo las mismas cosas y la situación general ha cambiado poco, pero ahora me siento fuerte para afrontar los problemas y les doy la importancia justa y necesaria. He aprendido a ignorar a quienes no merecen que malgaste ni un segundo de mi vida por ellos y a valorar a los que me quieren y sí merecen formar parte de ella.

Una de las cosas que me ayudó mucho a mejorar, y lo sigue haciendo, fue la escritura. Me aislaba en mi mundo, papel y boli en mano, y escribía. Al principio mis escritos destilaban pura rabia; necesitaba exorcizar mis demonios y no encontré mejor forma. Escribía sobre aquello que me estaba pasando, tenía que soltarlo, describir con palabras cómo me encontraba e intentar localizar el origen, pese a que lo intuía. Y lo logré.

Algunos de los artículos que escribí los iba publicando en mi blog; otros fueron simples desahogos personales que se quedaron en el papel. Poco a poco la rabia, el estrés y la ansiedad fueron disminuyendo. Mejor dicho, fui controlando los dos últimos; la rabia seguía (y sigue) ahí, pero aprendí a que no me afectara hasta el punto de enfermar por ella.

Mis escritos fueron derivando hacia temas más amables. La lectura, el mundo de los libros, fueron otras vías de escape. Escribía sobre librerías, redactaba reseñas de los libros que iba leyendo, me refugié en todo aquello que me hacía sentir bien y que me ayudaba a estar mejor.

La radio me ayudó mucho también. Gracias al programa Voces del Misterio y sobre todo a mis compañeros (gracias José Manuel, Jesús, Pepe, David, Ángeles... a todos) auné cuatro de mis aficiones favoritas: la radio, la lectura, la escritura (para preparar los temas) y el mundo del misterio. El programa era un bálsamo que llegaba cada viernes, me hacía olvidar los problemas de la semana y me daba fuerzas para la siguiente.

Por descontado, el apoyo de mi novia, familiares y amigos fue fundamental para mi mejoría, no creo que sea necesario ni decirlo, pero ahí queda.

Llegamos al día de hoy. Aunque todo lo anterior lo haya escrito en pasado, todo lo que me ha ayudado en los últimos meses lo sigue haciendo. Poned todo en presente y funcionará del mismo modo. Sigo leyendo, escribiendo, disfrutando con la radio y sintiendo el apoyo de mi novia, familiares y amigos. Me siento fuerte anímicamente y ahora mi objetivo es mejorar físicamente, hacer ejercicio y no permitir que nada ni nadie vuelva a hacerme enfermar.

Todo esto me ha servido para darme cuenta de que muchas veces le damos demasiada importancia a cosas (y personas) que no merecen que perdamos ni un segundo de nuestra vida por ellos. Es posible mantener la perspectiva sin enfermar, defender unas ideas sin que nos cueste la salud y hacer frente a las malas artes de algunos con una sonrisa en los labios. Y es que no hay mayor desprecio que no hacer aprecio.

2 comentarios:

Mari Recetas dijo...

Hola Ismael, me alegro mucho que estés mejor, me ha gustado esta entrada porque transmite optimismo y la del otro día "Es hora de sonreir" también. Sigue así anda...un beso

Ismael dijo...

La verdad es que estoy mucho mejor y he aprendido a dar a las cosas la importancia justa.
Muchas gracias, ¡un beso!