viernes, 6 de septiembre de 2013

Los misterios del arte (VI): El "astronauta" de Fergana

La primera vez que supe de la historia del astronauta de Fergana fue leyendo a Erich von Däniken. En dos de sus obras, El mensaje de los dioses (Martínez Roca, año 1973, página 71) y El oro de los dioses (Martínez Roca, año 1974, página 96), el excéntrico investigador suizo escribió sobre el tema y publicó la famosa fotografía en cuestión.

Soy un firme defensor de que en la más remota antigüedad pudo haber mucho más de lo que la Historia oficial cuenta, aunque por supuesto es más una creencia personal sustentada en meros indicios (bien es cierto que algunos bastante sólidos) que una realidad tangible.

Ese es uno de los motivos por los que me atraen tanto los misterios del arte y sus anomalías, así como los OOPARTS. Para quien no conozca el significado de este palabro, no es más que el acrónimo de la expresión Out Of Place Artifacts (Objetos Fuera de Lugar). En resumen, se trata de objetos que existen pero que no deberían estar ahí, al encontrarse en un contexto en el que podrían desafiar a la cronología de la historia convencional.

Ejemplos de OOPARTS hay muchos, repartidos por todo el planeta, y los iré compartiendo poco a poco. Pero el que hoy me ocupa es muy especial, tan especial que ha hecho correr ríos de tinta; una fotografía espectacular que todos han dado por buena durante muchos años, que existe... pero cuyo significado real no tiene nada que ver con el que se le ha dado por parte de la mayoría de los investigadores.

Se supone que la pintura que vais a ver a continuación fue encontrada junto con otras pinturas rupestres en una cueva del valle de Ferghana, Fergana o Ferganá, un lugar apartado compartido entre Tayikistán, Kirguizistán y Uzbekistán, en Asia Central. En diversas informaciones aparecidas a lo largo de los años se ha datado en diversos periodos, pero nunca se ha concretado el lugar exacto donde se encuentra ubicada y la única prueba que tenemos de su presunta existencia es esta fotografía:
Demasiado explícita para ser verdad, ¿no creéis? Más aún si aumentamos un par de detalles:
Esta es la historia que yo conocía hasta hace poco. Buscando información sobre el tema en internet, descubrí un espléndido artículo publicado por el investigador Manuel Carballal en el número 53 de El ojo crítico, donde se desmontan los escasos argumentos a favor de la veracidad del astronauta de Fergana.

Insisto, la imagen existe, pero durante muchos años se obvió la realidad, esta es: la ilustración procede de un artículo publicado en 1967 por Viatcheslaw Zaitsev en el número 1 de la revista Spoutnik, titulado Los visitantes del Cosmos. En dicho artículo apareció la imagen por primera vez, y gracias a la investigación de Carballal ahora sabemos que no se trata más que de un dibujo creado para ilustrar la cabecera del artículo de Zaitsev y su autor fue un tal A. Brousnlov.

Tras una ardua investigación, Manuel Carballal se hizo con un ejemplar de la revista en cuestión y dio con la clave. Esta es la imagen, extraída de su artículo El astronauta de Fergana nunca existió citado anteriormente (cuya lectura recomiendo encarecidamente), donde puede observarse con claridad la firma del autor del dibujo (Carballal lo traduce por Brousnlov, aunque mi cuñada, búlgara ella y conocedora de los caracteres cirílicos, me confirma que debería traducirse por A. Brusilov), firma que fue convenientemente suprimida en posteriores reproducciones de la imagen:
Creo que es importante afrontar el misterio con mentalidad abierta. No es bueno pecar de crédulos ni tener por bandera un escepticismo a ultranza; ambas posturas no ayudan al avance del conocimiento en ningún ámbito del saber. Hay que separar el grano de la paja, e igual que divulgamos casos que a día de hoy no tienen explicación, debemos hacerlo también con aquellos que sí la tienen. El caso del astronauta de Fergana pertenece, con las pruebas en la mano, a este segundo grupo. Una historia curiosa que demuestra cómo un inocente dibujo creado para ilustrar un artículo de una revista puede convertirse en toda una leyenda urbana.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Si bien la firma en el dibujo de la revista es real, las imágenes con firma y sin firma no son iguales. Si no muestran la supuesta pintura con fotos de la cueva o la firma del artista en las mismas imágenes no se le puede creer a ninguno

Ismael dijo...

Personalmente, creo que si la pintura existiera de verdad, a estas alturas ya habría constancia inequívoca de su realidad.
Ahí están las imágenes y la investigación de Manuel Carballal; creo que evidencian que el misterio no es tal, pero cada uno es libre de creer lo que quiera, por supuesto.