viernes, 31 de enero de 2014

"Mendel el de los libros", Stefan Zweig

Mendel el de los libros
Stefan Zweig (1929)
Editorial Acantilado
Por algunos problemas de salud, en estos últimos días he tenido que ir al médico varias veces. La segunda de ellas fue a urgencias y el panorama que encontré allí, como podéis imaginar, era desolador. El caso es que me llevé un libro para amenizar la espera, un pequeño gran relato que como por arte de magia logró abstraerme de lo que me rodeaba y me transportó a un pequeño café de Viena, el Gluck, donde conocí a uno de los personajes más especiales que se han cruzado por mi camino lector en mucho tiempo: Jakob Mendel.

Mendel el de los libros fue escrito por el austríaco Stefan Zweig allá por el año 1929. La sinopsis que podemos leer en la contraportada de la edición publicada por Acantilado es un buen primer paso para empezar a saborear la historia:

Escrito en 1929, Mendel el de los libros narra la trágica historia de un excéntrico librero de viejo que pasa sus días sentado siempre a la misma mesa en uno de los muchos cafés de la ciudad de Viena. Con su memoria enciclopédica, el inmigrante judío ruso no sólo es tolerado, sino querido y admirado por el dueño del café Gluck y por la culta clientela que requiere sus servicios. Sin embargo, en 1915 Jakob Mendel es enviado a un campo de concentración, acusado injustamente de colaborar con los enemigos del Imperio austrohúngaro. Un breve y brillante relato sobre la exclusión en la Europa de la primera mitad del siglo XX.

Varios son los puntos fuertes de este relato. En primer lugar, hay que tener en cuenta el momento en el que fue escrito. Pedro Gandolfo, en Revista de Libros (Chile), afirma con mucho acierto que Zweig refleja en este relato magnífico toda su nostalgia por la antigua Europa, plural, diversa y tolerante, cuya pérdida le parece irredimible.

Por su parte, Victoriano S. Álamo, en Canarias 7, indica que Mendel el de los libros no sólo es un tributo al apasionante universo de la literatura, a los mundos asombrosos que se esconden en las páginas de los libros, sino también un homenaje al libro como figura material.

Como última referencia, quiero compartir la reflexión de Ángel García Prieto, quien en las páginas de El Correo de Zamora afirma que estamos ante un canto épico de los libreros, una sencilla historia de humanidad y un manifiesto antibelicista.

Mi experiencia personal con Mendel el de los libros tuvo lugar en unas circunstancias nada agradables, y he ahí mi fascinación por relatos como este: logran abstraer al lector de todo lo que le rodea, del mismo modo que Jakob Mendel se aísla en su mundo de libros de todo aquello que está más allá de su mesa, en ese rincón del café Gluck vienés.
Me habían hablado maravillas de la escritura de Stefan Zweig, un hombre cuya vida por cierto tuvo un final trágico. Se suicidó en Petrópolis (Brasil) junto a su mujer el 22 de febrero de 1942, desesperados ante el futuro de Europa y su cultura (después de la caída de Singapur), pues creían que el nazismo se extendería a todo el planeta. Zweig había escrito: Creo que es mejor finalizar en un buen momento y de pie una vida en la cual la labor intelectual significó el gozo más puro y la libertad personal el bien más preciado sobre la Tierra.

No había leído nada de este autor hasta ahora. Posee un estilo cuidado y fácil de leer (esa sencillez es, en mi opinión, de las cosas más difíciles de conseguir en literatura) y transmite a la perfección lo que quiere hacer llegar al lector. No es fácil, en apenas 60 páginas, transmitir todo lo que Zweig logra con la historia del viejo librero, un personaje fascinante que sólo tiene ojos para sus libros y que mantiene una ignorancia intencionada sobre todo lo que le rodea, simplemente porque no le aporta nada en absoluto.

Y hasta aquí puedo leer. El final del relato merece una reflexión profunda, pero prefiero que lo leáis y, ya que el café Gluck nos coge a desmano, podemos buscar un rincón similar al de Jakob Mendel y hablar de literatura, siempre café o cerveza en mano.

2 comentarios:

Argax dijo...

Recojo el guante, buscaremos ese rincón.

Zweigt es uno de mis autores pendientes también. El relato del que hablas y que es tan conocido puede ser un buen comienzo supongo.

Me quedo de todo lo que dices con el aislamiento voluntario del personaje de todo lo que le rodea porque "no le aporta nada". La inacción puede parecer peligrosa para el desarrollo de una vida, pero acaso no desarrollamos muchas veces la nuestra por caminos que para nada tienen que ver con nosotros y que ya están pautados y pactados.

Pues con eso me quedo reflexionando. Espero verte pronto y que los temas de salud no sean nada importante.

Un beso.

Marisa G. dijo...

Es una obra maestra. La semana pasada me leí 24 horas en la vida de una mujer y consigue abstraerte por completo.