martes, 7 de enero de 2014

Reflexiones de martes a mediodía

Todos sabemos que, tarde o temprano, vamos a morir. Esa es una certeza que el cerebro humano se encarga de enterrar para que podamos vivir, ya que de lo contrario la angustia nos atenazaría y el caos se apoderaría de nuestra vida.

Mientras luchamos por mejorar, por ser optimistas, por ignorar cualquier pensamiento negativo, por levantarnos cada día con esperanzas y con una sonrisa en los labios, me pregunto: ¿qué pasaría si conociéramos la fecha exacta de nuestra muerte? La mente humana es caprichosa, pero limitada y muy básica para ciertos temas. Siempre me ha fascinado la capacidad del ser humano para pasar de puntillas por temas que nos resultan incómodos, incluso he escrito sobre ello en algunas ocasiones. ¿Sería posible, incluso recomendable, afrontar esos temores y aprender a canalizarlos, de forma que pudiéramos entender la vida con una mayor amplitud de miras?

Cuando crecemos, nos obligan a subir a una rueda que gira y gira, sin sentido ni objetivo, y nos cargan con unas responsabilidades que no nos corresponden, asociadas al Sistema que otros decidieron instaurar por nosotros. Llega un momento en que somos conscientes de ello, pero la rueda gira a tal velocidad que sabemos las consecuencias que tendría bajarnos en marcha. Pese a todo, ¿debemos hacerlo? ¿Debemos dejarnos abrazar por la comodidad del Camino de Baldosas Amarillas que tenemos marcado, ese que no hemos elegido, o por el contrario explorar otras posibilidades, pese a ser conscientes que saltar de la rueda en marcha puede acarrearnos muchos problemas?

Como dice mi amigo Víctor, todo es más fácil cuando eres consciente de que te la vas a pegar. Al principio dolerá, costará restañar las heridas, pero para eso están las tiritas. Y quiero creer que, una vez pasado lo peor, las decisiones tomadas se mostrarán como las más acertadas.

Este tema da para un libro, pero de momento se quedará en una ligera reflexión de martes a mediodía.

1 comentario:

Víctor L. Briones Antón dijo...

Cómo dice tu amigo Víctor toñar es inevitable aunque te quedes en la rueda, porque no todos son o somos capaces de autoengañarnos y asumir como propias las decisiones que se nos ponen por delante y que van encaminadas a prolongar nuestra estancia dentro del sistema.

Salirse del todo viene a ser una utopía pero poner normas propias no.

Además, todas esas decisiones están condicionadas al dinero, casi todas al menos. Aunque las disfracemos de otra cosa, nuestro dios dinero nos hizo que solo pudiéramos mirar hacia el y olvidáramos que somos humanos.

Ahora que ando mareado de decisiones estoy atravesando una etapa de mi vida en la que no dejo de pensar en eso, en que si lo humano prevaleciera todo iría mejor, así que voy aprendiendo a meterlo dentro de la ecuación, aunque me siento como un niño en su primer día de colegio, inútil ante lo nuevo, pero ilusionado por dominarlo.

Un beso