lunes, 6 de enero de 2014

Regalos y objetivos

Como tantos otros españoles, mi hermano tuvo que emigrar hace tres años. Se fue a trabajar a Inglaterra, a la ciudad de Kingston upon Hull, donde vive con su novia desde entonces. Ambos son dentistas y les va bien, tienen trabajo de lo suyo y buenos sueldos. Trabajan mucho pero en unas condiciones que nada tienen que ver con la explotación que sufrían en este país de mierda, donde por cierto su antigua empresa aún le debe dos meses de sueldo, tres años después...

Por este motivo, sólo podemos vernos en vacaciones; he ido a visitarlos un par de veces, pero son ellos los que suelen venir aquí siempre que pueden. En Navidad, por ejemplo, suelen pasar en Sevilla unos días. Esta vez llegaron el 26 de diciembre y volvieron a Inglaterra el sábado.

No obstante, el objetivo de este escrito no es despotricar sobre el deterioro y degeneración de nuestro país. El caso es que como se tenían que ir antes de Reyes, el viernes nos repartimos los regalos (mis padres, mi hermano, su novia, mi novia y yo) y quiero contaros qué me han regalado. Avanzo que no me puedo quejar.

Mi primer regalo llegó con mucha antelación, el pasado verano, y es el que estoy utilizando para escribir esto: el IPad 2. Una pasada de regalo que utilizo a diario y del que aún no he descubierto todas sus posibilidades, aunque estoy en ello.

Pero el viernes me hicieron algunos regalos más. Algo de ropa (dos jerséis, uno gris claro y otro azul marino, muy buenos y prácticos), dos juegos de PS3 (uno de ellos el clásico Pro Evolution Soccer), algunas libretas Moleskine y un libro (cómo no) muy especial: La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski.

Editado por Alpha Decay / Pálido Fuego, estamos ante un libro diferente. Cuando lo lea podré escribir sobre él con conocimiento de causa, pero de momento la primera impresión no puede ser mejor.

Además, la publicación de esta obra en nuestro país ha sido todo un reto para sus editores. El libro fue escrito hace diez años, pero hasta ahora ninguna editorial de nuestro país se había atrevido a traducirla y publicarla aquí. Quien hojee el libro entenderá por qué.

Se acabaron las fiestas. Empieza un nuevo año y ojalá que sea mejor que el que acabamos de dejar atrás, algo que por otra parte no es difícil. De momento mi disposición es la mejor; quiero ser optimista pese a todo y pensar que encontraré un sentido al aparente sinsentido en el que nos encontramos inmersos desde hace ya demasiado tiempo.

Ayer, hablando con un amigo, comentamos la importancia de tener un objetivo. De no dejar pasar los días viéndolas venir, sino formarnos una idea de lo que queremos alcanzar y, poco a poco, poner los medios para irnos acercando a dicho objetivo. Creo que es algo de sentido común pero que no solemos poner en práctica, tal vez por culpa de la vorágine (provocada) que nos rodea y que nos impide en muchas ocasiones pensar con tranquilidad.

Bienvenido sea el año 2014, ahora toca acercarnos al objetivo, sea cual sea el que cada uno se plantee. ¡Salud!

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