lunes, 3 de febrero de 2014

Cosas que pasan... Y "Wilt"

Escribir desde un hospital no es agradable. Me he pasado todo el fin de semana ingresado y es posible que aún deba estar unos días más aquí.

Cuando la madrugada del 1 al 2 de diciembre de 2012, recién llegado de un maravilloso viaje por la Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas, desperté con un zumbido molesto en el oído que los médicos diagnosticarían como acúfenos, no pensaba que podría pasar todo lo que ha pasado en poco más de un año.

El origen lo tengo claro. Sé por qué empezaron el estrés y la ansiedad, así como la somatización que les siguió. Es algo que tardé unos meses en solucionar, que aún arrastro pero que he aprendido a sobrellevar de la mejor forma posible. Soy consciente de que hay personas de las que no se puede esperar empatía o humanidad, y tenerlo claro me ha ayudado mucho.

A día de hoy el estrés y la ansiedad siguen ahí pero están controlados, me encuentro sereno y sé qué debo hacer y qué haré. No obstante, la somatización se resiste a dejarme en paz y estoy viviendo el enésimo y espero que último capítulo sanitario de esta mala racha.

El diagnóstico aún es incierto; no parece nada grave, pero me están haciendo todo tipo de pruebas para saber por qué, siempre en situaciones relacionadas con el sueño, sufro unos extraños síncopes sin aparente explicación.

Parece claro que se trata de un trastorno del sueño, pero deben determinar de qué tipo. Cuando me ocurre en la cama es inocuo. El problema llega cuando estoy incorporado. El pasado sábado, de madrugada, desperté con el habitual picor en la garganta que antecede a un golpe de tos. Me senté en la cama, tosí... Y me desvanecí. Lo siguiente que recuerdo es despertar en el suelo, con sendos golpes en rodilla y sien.

Los episodios se están repitiendo en exceso en las últimas fechas. No duran más de 10-12 segundos, tiempo más que suficiente para tener un problema si caigo en mala postura o me golpeo con algo, de ahí mi preocupación. Así que mi novia y yo decidimos acudir a urgencias para contar lo que me está pasando y para que me vieran el golpe que me había dado en la cabeza.

En urgencias me hicieron varias pruebas para descartar alguna dolencia grave, y tras comprobar que todos los resultados eran normales, decidieron dejarme ingresado para hacerme más pruebas.

Y aquí estoy, tranquilo pero deseando acabar con todo esto. La primera noche se repitió el episodio (es difícil de explicar los detalles del mismo) y anoche volví a sentir algo similar, aunque de forma más leve. Hoy me han hecho algunas pruebas más y creo que tendré que estar aquí, de momento, hasta el jueves. Ojalá todo salga bien y pronto vuelva a casa, pero sobre todo deseo que ya que estoy aquí, me hagan todas las pruebas necesarias para determinar qué ocurre y ponerle solución. En principio, podría tratarse de algún tipo de parálisis del sueño, pero es pronto para determinarlo.

He estado bastante desconectado desde que ingresé. Ahora me siento mejor y quería describir de forma breve qué está pasando. Es una buena terapia, me relaja y me distrae, aunque esto es todo lo que comentaré al respecto. Prefiero escribir, como es lógico, de cosas más agradables.

Por ejemplo, del libro que estoy leyendo. Un hospital no es un lugar agradable, así que me apetecía leer algo que me arrancara una sonrisa. Y he dado en el clavo con Wilt, de Tom Sharpe. Era un libro que tenía pendiente desde hace tiempo y la verdad es que me estoy divirtiendo mucho con su lectura.

De momento aquí sigo. Con buen ánimo. No olvidéis tomar una cervecita a mi salud.

1 comentario:

Víctor L. Briones Antón dijo...

Porque colar la birra destrangis está feo no?

Y sí, con Wilt (con todas las de Sharpe en realidad) yo también me lo pasé pipa.
Parece sólo humor gamberro lo que contiene, pero si se mira bien hay estopa y mala leche para todos en los párrafos del libro.

A ponerse bueno y hablamos ya mismo!