martes, 18 de febrero de 2014

Recuerdos de cinta...

Mi libertad condicional vigilada tiene estas cosas. No poder estar solo en ningún momento, al menos hasta que me digan qué pasa con los extraños síncopes que estoy sufriendo con excesiva frecuencia en las últimas semanas, hace que pase mucho tiempo en casa de mis padres. Y ha sido aquí, en casa de mis padres, donde he hecho un descubrimiento que me ha traído muchos recuerdos. Atentos a la siguiente fotografía:
No sé cuántas horas pasábamos mi hermano y yo a principios de los 1990 jugando con nuestro Spectrum 128 K. Cargar con éxito una de esas interminables cintas para disfrutar de nuestros juegos favoritos parecía en ocasiones misión imposible, aunque a veces funcionaba. Uno de esos juegos es el que podéis ver en la foto superior: Super Space Invaders.

No era de nuestros favoritos. De hecho, era simple hasta para la época. Pero contaba con algo que los videojuegos han ido perdiendo con el paso de los años: suplía sus carencias técnicas con unas dosis de adictividad inigualables.

Sigo jugando a videojuegos, no tanto como hace años pero sí de vez en cuando. Disfruté mucho de la llamada edad de oro del software español (1983-1992) y tengo muy buenos recuerdos de esas tardes con mi hermano, picándonos con el Match Day II o colaborando para terminar algunos de esos juegos imposibles.

Recuerdo a la perfección el nombre de algunos de los juegos que más nos gustaban: Match Day II, Camelot Warriors, Nonamed, Game Over, Fernando Martín Basket Master, Abu Simbel Profanation, Don Quijote, La Aventura Original, La Abadía del Crimen, Goody, Chase H.Q., Emilio Butragueño, Army Moves, Sir Fred, Livingstone Supongo, Viaje al Centro de la Tierra, After the War... La lista de nuestros juegos favoritos era casi interminable. Algún día me gustaría dedicarles algún artículo, no sólo a estos juegos sino también a revistas míticas como MicroManía y, sobre todo, a nuestra querida MicroHobby.

Encontrar en una estantería el Super Space Invaders me ha traído muchos y muy buenos recuerdos a la mente.

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