miércoles, 12 de marzo de 2014

In BOD we trust

La primera vez que escuché aquella expresión me sorprendió mucho. Irlanda es un país religioso, donde más del 90 % de la población es católica. Creen en dios por encima de todas las cosas; por eso no me cuadraba que un país tan conservador en materia religiosa hubiera adoptado como dicho popular aquella herejía.

Tal vez, pensé, podría tratarse de una ridiculización de la famosa frase que los yanquis se apropiaron hasta el punto de imprimirlas en sus billetes: In God we trust, para los irlandeses, se transformó hace unos años en In BOD we trust.

A quienes no conozcan la importancia del rugby en el país del trébol, podría sorprenderles la veneración que profesan en la Isla Esmeralda hacia nuestro protagonista. Desvelemos, pues, el misterio: BOD no son ni más ni menos que las siglas del nombre y apellido del Gran Capitán irlandés, Brian O'Driscoll.

El pasado fin de semana, O'Driscoll disputó su último partido del Torneo VI Naciones con la selección en tierras irlandesas. Fue en la victoria del XV del Trébol frente a Italia por un contundente 46-7. Algún día escribiré sobre las particularidades del rugby en Irlanda y el por qué de su implantación en aquellos lares. Vaya por delante, como detalle concreto que sorprenderá a algunos, que en rugby no existe diferenciación entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte. La Isla Esmeralda se une por y para el rugby. Imaginad el simbolismo que contiene este hecho.
He de reconocer que mi afición por el rugby no nació hasta hace unos años, tal vez 10, no más. Fue gracias a mi amigo Guille; llevado por la curiosidad, me interesé por un deporte que siempre había tenido por sucio y practicado por salvajes. Fue en ese momento cuando fui consciente de que el fútbol, mi deporte favorito de siempre, es (hoy más que nunca) mucho menos limpio que el rugby. Y es que en un país como España, donde la implantación del rugby es muy minoritaria, sabemos hasta los empastes que tienen CR7 o Messi, pero pocos conocen a deportistas de la talla de Jonathan Sexton, Jamie Heaslip, Gordon D'Darcy, Rob Kearney o el propio Brian O'Driscoll.

Comprendí entonces un antiguo dicho británico que dice que el fútbol es un deporte para caballeros jugado por salvajes y el rugby es un deporte para salvajes jugado por caballeros. El fútbol tiene un halo de glamour (avivado en gran medida por los medios de comunicación) del que carece el rugby, pero como afirmó el periodista John Carlin en uno de sus magníficos artículos sobre este deporte (Caballeros y cavernícolas), lo que es verdad es que el rugby, por salvaje que sea, es más limpio que el fútbol; que el rugby tiene lecciones que al fútbol le valdría la pena aprender. Como tratar al árbitro con respeto y someterse obedientemente a sus decisiones; nunca fingir que uno está lesionado; utilizar el sistema de expulsión temporal de diez minutos; utilizar un cuarto árbitro con acceso a una pantalla de televisión para resolver jugadas polémicas; continuar el juego cuando un jugador se lesiona; al acabar el partido, los equipos forman un túnel cada uno para aplaudir y dar palmadas al rival independientemente del resultado

Retomando el argumento original de este escrito, y después de ponernos en situación, es hora de ceder el protagonismo que merece a Brian O'Driscoll. Como decía, el maestro irlandés jugó el pasado sábado su último partido con el XV del Trébol en Dublín. Y lo hizo, como no podía ser de otra forma, a un gran nivel, concentrando toda la épica del mito O'Driscoll. Hasta que fue sustituido en el minuto 62, BOD dio un recital de pases, tackles y jerarquía sobre el césped. Participó en los tres primeros tries de Irlanda con otros tantos pases magistrales, escondiendo el balón y eligiendo siempre, como nos tiene acostumbrados, la mejor opción de pase. Sufrió un fuerte golpe que no le impidió continuar y se retiró, con todo el estadio puesto en pie, emocionado y con la sonrisa del tipo humilde y trabajador que es. Una imagen, por cierto, muy diferente a la de tantos divos futboleros que creen ser el ombligo del Universo, sin ser más que meros niñatos consentidos, elevados a los altares del deporte por los periolistos de turno. Pero esa es otra historia...
El sábado pude ver el partido. Disfruté de la victoria irlandesa y del buen hacer de Brian. Un jugador que ha disputado más de una centena de partidos con la selección Irish, que posee el récord de ensayos en la Historia del Torneo VI Naciones y que ha sido el artífice de la resurrección de la selección irlandesa en los últimos años, culminada con el Grand Slam del año 2009. BOD quiere despedirse a lo grande: ganando el VI Naciones 2014, cuya última jornada se disputará el próximo sábado. Para ello, Irlanda necesita ganar a Francia en París y esperar que Inglaterra no tenga un buen día en Roma. Difícil, pero no imposible. Sería el broche de oro de una carrera plagada de éxitos.

Algún día escribiré sobre las muchas virtudes del rugby. Para quien esté interesado, recomiendo algunos de los artículos de John Carlin sobre este deporte. El mío no es más que un pequeño homenaje al rugby y a uno de sus mitos, el irlandés Brian O'Driscoll. Todos en pie, por favor, para despedir a un grande. In BOD we trust.

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