lunes, 3 de marzo de 2014

"La utilidad de lo inútil", Nuccio Ordine

La utilidad de lo inútil
Nuccio Ordine (2013)
Editorial Acantilado
De vez en cuando, un libro me habla. Tranquilos, (aún) no me he vuelto loco. Me refiero a ese libro que, al ser leído, parece que me está respondiendo a preguntas que me he hecho a mi mismo desde hace mucho tiempo. Siempre he dicho, quienes me conocen bien lo saben, que uno de mis grandes problemas es que todos mis intereses son saberes inútiles, teniendo en cuenta cómo está montada la sociedad.

La institucionalización establecida, centrada en la utilidad de todo lo que aprendemos, siempre me ha parecido una estafa, y los años no han hecho más que confirmar mis sospechas.

El libro que descubrí hace unos días en la librería Birlibirloque, desconocido para mi hasta entonces, me llamó la atención en primer lugar por su título, La utilidad de lo inútil, pero también por la declaración de intenciones de su autor, Nuccio Ordine, reflejada en la sinopsis que podemos leer en la web de la editorial Acantilado y que es un extracto de la Introducción, obra del propio autor:

El oxímoron evocado por el título La utilidad de lo inútil merece una aclaración. La paradójica utilidad a la que me refiero no es la misma en cuyo nombre se consideran inútiles los saberes humanísticos y, más en general, todos los saberes que no producen beneficios. En una acepción muy distinta y mucho más amplia, he querido poner en el centro de mis reflexiones la idea de utilidad de aquellos saberes cuyo valor esencial es del todo ajeno a cualquier finalidad utilitarista. [...] Si dejamos morir lo gratuito, si renunciamos a la fuerza generadora de lo inútil, si escuchamos únicamente el mortífero canto de sirenas que nos impele a perseguir el beneficio, sólo seremos capaces de producir una colectividad enferma y sin memoria que, extraviada, acabará por perder el sentido de sí misma y de la vida. Y en ese momento, cuando la desertificación del espiritu nos haya ya agostado, será en verdad difícil imaginar que el ignorante homo sapiens pueda desempeñar todavía un papel en la tarea de hacer más humana la humanidad.

Un rápido repaso a índice del libro fue la tercera y definitiva excusa que me llevó a comprender que no podía dejarlo escapar. Tras su lectura, voy a comentar algunos de los puntos fuertes (muchos) del ensayo de Ordine.

Para empezar, he de reconocer que pese a encontrarnos ante un libro de apenas 176 páginas, se hace imprescindible su lectura reposada y acompañada de un lápiz, para subrayar la gran cantidad de reflexiones interesantes que contiene el manifiesto del profesor y filósofo italiano.

La obra está dividida en tres partes. El propio Ordine nos cuenta en la Introducción que la primera, dedicada al tema de la útil inutilidad de la literatura; la segunda, consagrada a los efectos desastrosos producidos por la lógica del beneficio en el campo de la enseñanza, la investigación y las actividades culturales en general; en la tercera parte, valiéndome de algún brillante ejemplo, he releído algunos clásicos que, en el curso de los siglos, han mostrado la carga ilusoria de la posesión y sus efectos devastadores sobre la dignitas hominis, el amor y la verdad.

Por último, a modo de adenda, Ordine indica que he pensado en unir a mis breves reflexiones también un excelente (y por desgracia poco conocido) ensayo de Abraham Flexner de 1937, publicado de nuevo en 1939 con algunos añadidos.

El libro de Ordine es, en su conjunto, una joya. Podría transcribir pasajes y pasajes repletos de frases y reflexiones interesantes, pero no es mi intención alargarme demasiado. A continuación comparto mi particular guía de lectura, con algunos de los puntos fuertes del libro (en mi opinión, claro está) como la anécdota de David Foster Wallace (p. 29), el periódico de Giacomo Leopardi (p. 54), la locura de Don Quijote (p.67), las reflexiones de Cicerón (p.21), Giordano Bruno (p. 22), George Bataille (p. 23), Théophile Gautier (p. 60), Eugène Ionesco (p. 73), Calvino (p. 75), Emil Cioran (p. 75), Víctor Hugo (p. 82), John Henry Newman (p. 91), Henri Poincaré (p. 106), Demócrito (p. 114), Séneca (p. 115) y Leon Battista Alberti (p. 117); y los apartados dedicados a la biblioteca del Warburg Institute londinense (p. 99), a la desaparición de librerías históricas (p. 102) o a la inesperada utilidad de las ciencias inútiles (p. 103).

Mención aparte merece el espléndido ensayo de Abraham Flexner (La utilidad de los conocimientos inútiles) que sirve de broche de oro a la obra. Ocupa las 20 últimas páginas del libro y fue escrito hace más de 70 años, pero me gustaría resaltar que, calidad del texto aparte, llama la atención que la mayoría de las reflexiones recogidas en el libro no son de este siglo. Muchas ni siquiera son del siglo XX; algunas tienen cientos de años de antigüedad, pero mantienen una vigencia incontestable. Más aún, si tenemos en cuenta los tristes acontecimientos que estamos padeciendo en los últimos tiempos.

Recomiendo, pues, la lectura íntegra del espléndido manifiesto de Nuccio Ordine y la guinda del pastel, el no menos sensacional ensayo de Abraham Flexner. Un libro que invita a la reflexión sobre la defensa de unos saberes que, pese a no proporcionarnos beneficios per se, son imprescindibles para no olvidar algo que, por desgracia, algunos parecen haber olvidado: nuestra condición de seres humanos.

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