jueves, 13 de marzo de 2014

"Los escritos irreverentes", Mark Twain

Los escritos irreverentes
Mark Twain (1870-1909)
Editorial Impedimenta

Cualquier libro tachado de irreverente es acogido con entusiasmo por la mente hereje que me guía. Si además, como es el caso, el propio autor reconoce tal mérito, miel sobre hojuelas.

Es posible que pocos conozcáis a Samuel Langhorne Clemens. La cosa cambia si os digo que su seudónimo literario era Mark Twain. Considerado por muchos como el padre de la literatura norteamericana, es reconocido mundialmente por ser el creador de Las aventuras de Tom Sawyer (1876), su continuación Huckelberry Finn (1884) y de Un yanqui en la corte del rey Arturo (1889).

Sin embargo, el libro que traigo hoy a mi blog nos es ninguno de ellos. La sinopsis de Los escritos irreverentes deja claro que estamos ante una obra especial dentro de la producción del autor de Florida: 

En 1909, Mark Twain le envió una carta a un amigo en la que le hablaba en confianza de lo último que había escrito: Este libro no saldrá jamás. Es imposible porque se consideraría una ignominia. Tomada en su conjunto, la obra de Twain quien, junto a Melville, está considerado el Gran Novelista Americano, es una colosal sátira de la naturaleza humana. En el caso de Los escritos irreverentes, recurrió a un género que algunos críticos denominaron pseudo-historia. Las pequeñas diatribas bíblicas que lo componen, escritas entre 1870 y 1909, evidencian el profundo escepticismo religioso de Twain. El libro que tenemos en las manos oculta bajo su burlona fachada un humorístico y mordaz ataque a los valores establecidos, y es la muestra de una inteligencia superior, que no deja títere con cabeza. La coincidencia de que este año sea el del centenario de la muerte de Mark Twain da un significado especial a la edición de un libro que, al salir a la luz en Estados Unidos, produjo una verdadera conmoción y estuvo durante meses en la lista de libros más vendidos.

El libro se divide en varias partes, de calidad, en mi opinión, variable. He disfrutado mucho con las Cartas de Satán desde la Tierra y también, aunque en menor medida, con la Autobiografía y el Diario de Eva, así como con las Cartas es de el Cielo. El Diario de Matusalén, sus Anotaciones posteriores y el Diario de Sem me han parecido más flojos.

Sin lugar a dudas, el apartado más logrado es el de las Cartas de Satán desde la Tierra. En él, Twain da rienda suelta a toda su mordacidad, vertiendo sarcasmo tras sarcasmo sobre la religión y la credulidad humana. Para muestra, botones:

Cuando reza, está convencido de que el Creador le escucha. ¿No es una idea pintoresca? (...) No pasa un día sin que rece para pedir socorro, favores y protección, siempre con optimismo y confianza, aunque ninguno de sus ruegos haya recibido respuesta jamás. (...) Pero permitidme que me exceda algo más. ¡El humano cree que va a ir al cielo! Al fin y al cabo, tiene unos maestros asalariados que se lo dicen.

...el humano ha imaginado un Cielo, pero privándolo de la delicia suprema, el éxtasis que ocupa el primer lugar en el corazón de todos los individuos de su raza -y de la nuestra-: ¡la relación sexual!

Este humano, un sincero adorador del intelecto pródigo en premiar sus poderosos servicios aquí en la Tierra, ha inventado una Religión y un Cielo que no rinden el menor homenaje al intelecto.

Una de sus religiones principales es la llamada cristiana. (...) La mayor parte de esta Biblia está construida con fragmentos de otros libros sagrados que cayeron en desuso. Por tanto, es tan poco original como cabría esperar.

El astrónomo cristiano lleva unos trescientos años sabiendo que no fue su Deidad quien hizo las estrellas durante esos seis días tan tremebundos, pero el científico cristiano no abunda en esos detalles. Como tampoco lo hace el cura de su parroquia.

...el ser humano lleva en su naturaleza el ansia de saber, pese a que el sacerdote, como ese Dios a quien imita y representa, se ha dedicado desde el principio a impedirle saber nada que pueda serle útil.

Todos [los humanos] han llegado desnudos, sin pudor y con la mente limpia. (...) Pero no les ha quedado más remedio que adquirir la Vanidad y los Malos Pensamientos. Así son las cosas. El deber de toda madre cristiana es ensuciar la mente de su hijo, cosa que ella tiene bien presente.

Dios tiene un código moral para sí mismo y otro muy distinto para sus hijos.

La familia [de Noé] se salvó, sí, pero sus integrantes no estaban muy a gusto, la verdad, todos plagados de microbios. (...) Por desagradable que fuera la situación, no se podía evitar, porque había que conservar suficientes microbios para abastecer de enfermedades desoladoras a las futuras razas humanas...

El Creador siempre tiene puesta la mirada en los pobres. Nueve décimas partes de su catálogo de enfermedades van dirigidas a los pobres y todas dan en el clavo. A los ricos sólo les llegan las sobras. (...) El enemigo más implacable y obstinado del género humano es su Padre Celestial.

Recordemos que es el Padre Celestial de la Iglesia y sus gentes quien inventó la mosca [tse-tsé] para enviarla a infligir un largo periodo cargado de dolor, tristeza, sufrimiento y decrepitud física y mental a un pobre salvaje que no ha hecho daño alguno al Gran Criminal.

Estas son tan sólo algunas de las numerosas afirmaciones geniales que podemos encontrar en Los escritos irreverentes, obra de un no menos genial Mark Twain, un hombre que nunca tuvo pelos en la lengua a la hora de defender los derechos sociales o dar estopa a la religión o al imperialismo norteamericano (una de sus míticas frases sobre este tema dice que la guerra es la manera que tiene dios de enseñar un poco de geografía a los estadounidenses).

Necesitamos más escritos irreverentes y más Twains. Al fin y al cabo, ¿no es la vida una inmensa ironía?

Como es costumbre en Impedimenta, la edición es impecable. Y lo mejor de todo: la editorial madrileña sigue empeñada en recuperar verdaderas joyas de la literatura que, por un motivo u otro (en este caso puedo imaginar por qué) no han tenido en nuestro país el eco que merecen. Los escritos irreverentes son un buen ejemplo de ello. Bienaventurados sean.

1 comentario:

Sonia Aguirre Duque dijo...

Yo también he disfrutado mucho de la ironía de Twain y de la belleza de su escritura, te dejo ellink a mi reseña en: http://goo.gl/goJW2v