martes, 24 de junio de 2014

"La larga noche", Javier Mije

La larga noche
Javier Mije (2014)
Editorial Acantilado
Había recibido la nota manuscrita de Almeida en la sede de su productora en Barcelona. Parecía una hoja de cuaderno escolar, como si hubiera sido arrancada de las páginas de cortesía de alguna agenda, caligrafiada con una letra grande y desordenada que desbordaba la pauta del papel. Un argumento sinóptico y el título de la película: La larga noche. No contaba con muchas instrucciones más para escribir un guión cuyo primer bosquejo tenía que estar listo en el plazo de dieciséis semanas. […] Aunque la nota de Almeida no hacía referencia explícita a ningún episodio histórico, recordaba vagamente que se llamó La larga noche a la resistencia de Madrid durante la Guerra Civil.

Conozco a Javier Mije (Sevilla, 1969) desde hace algunos años. Participé en uno de sus talleres de escritura y cuando tuve la oportunidad de leer su obra anterior, un libro de relatos titulado El fabuloso mundo de nada, me llamó la atención lo bien escrita que estaba.

La larga noche es la primera incursión novelística del sevillano. Lo primero que sorprende al sostener el libro entre las manos es su extensión: apenas 160 páginas. La sorpresa es aún mayor cuando comienza la lectura. Estamos ante un texto denso, muy bien trabajado, en el que es evidente que el autor ha cuidado al máximo el proceso creativo.

Hace unos días, un amigo me comentó que una escritora que él conoce, cuando le viene una palabra inspiradora a la mente, la anota en un papel y la pega con un imán en la puerta del frigorífico. A partir de ahí, se dedica a rodear esa palabra con sinónimos y expresiones que acompañan al término para componer frases con sentido. Es un proceso arduo; mi amigo dice que puede llevarle varias semanas construir tan solo unas cuantas frases, eso sí, muy bien construidas y nada azarosas.

En el mismo sentido, imagino a Javier sentado delante de su escritorio, rodeado de cuartillas en aparente desorden, construyendo su novela palabra a palabra, frase a frase, a mano (nada de ordenador, apostaría), haciendo modificaciones y correcciones una y otra vez, hasta llegar al resultado final, a buen seguro no del todo satisfactorio para el autor. El perfeccionismo tiene esas cosas.

Habréis inferido que es conveniente desechar la idea de que por tratarse de una novela corta en cuanto a extensión, es rápida de leer. He leído libros de más de 400 páginas mucho más fáciles de leer que este. Esto, que podría parecer una crítica negativa a la obra de Javier, ni mucho menos lo es. Es más: os aconsejo (recomendación personal) leer La larga noche provistos de un lápiz, para subrayar expresiones, frases y hasta párrafos completos que no tienen desperdicio. Mije trabaja muy bien el lenguaje y cuida al detalle su escritura.

Sería imposible y a la vez inapropiado por mi parte transcribir en una reseña todo lo que he subrayado durante la lectura de la novela, pero no me resisto a compartir algunas de las frases que más han llamado mi atención:

...la madrugada es aún mi momento predilecto del día. La madrugada y el invierno en el que detendría el tedioso rotar de las estaciones.[...] Mi alma es un invierno.

Siento aversión por los centros comerciales: me ahogo ante la visión de tanta realidad concentrada.

Érase una vez unos hombres, en el divino reino de la juventud, que tenían el corazón abierto. Fin del cuento.

...la imaginación no es más que el fermento de la experiencia, y es la nostalgia o el dolor de esa experiencia la materia de toda escritura.

La losa de las tradiciones en un lugar aplastado por ellas. [...] el mismo calculado embeleso que ha hecho de la belleza de una ciudad su única reputación. La enfermedad de la vanidad, el delirio de grandeza y la estrechez de miras alentados por la sinrazón de una secta.

Tuve una visión: un día todos recibiríamos una carta desde el infierno para informarnos de que la vida había terminado.

La historia que nos cuenta Mije gira en torno a la redacción de un guion cinematográfico sobre la larga noche, un conocido episodio de la resistencia madrileña durante la Guerra Civil española. No obstante, leyendo la obra he encontrado no una, sino al menos tres largas noches. A saber: el argumento de la película cuyo guion encargan escribir al protagonista; un triángulo amoroso; y una enfermedad que se revela casi al final de la obra.

La larga noche es proceso creativo; es la duda de si uno puede escribir lo que quiere o lo que debe; es ausencia; es el pasado que vuelve para removerlo todo; es una historia de amor, entre cuyas grietas se adentra el autor... El episodio de la Guerra Civil que da título a la obra apenas está presente en el desarrollo de la misma más que como en forma de guion inacabado que el protagonista inicia, abandona, retoma y vuelve a abandonar, una y otra vez.

Como última curiosidad, cabe señalar que Javier ha incluido en la obra un pequeño homenaje a un antepasado suyo, Antonio Mije, antiguo dirigente comunista que tuvo que exiliarse al acabar la Guerra Civil española.

Un libro bien escrito, donde el autor logra transmitir la historia que quiere contar mediante un texto literario muy trabajado. Un buen debut novelístico de un escritor muy a tener en cuenta.

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