lunes, 7 de julio de 2014

Una noche de investigación inesperada

Hay días en los que uno sabe que algo va a pasar. Es difícil explicar el por qué de esa certeza, pero así es. Sin saber qué va a pasar, uno parece esperar lo inesperado. El ser humano es pura contradicción.

El jueves tuvo lugar la presentación de 99 lugares encantados donde pasar la noche en vela (Editorial Cúpula), nuevo libro del escritor, investigador, tertuliano de La Rosa de los Vientos y director de la revista Enigmas Lorenzo Fernández Bueno. El acto se celebró en la librería Casa del Libro de Sevilla y Lorenzo estuvo acompañado por José Antonio Colinet, Laura Falcó y el director del programa Voces del Misterio, José María García Bautista.
99 lugares encantados donde pasar la noche en vela
Lorenzo Fernández Bueno (2014)
Libros Cúpula
La presentación fue magnífica y el público asistente llenó la sala donde se celebró. Lorenzo Fernández eligió 10 de los lugares incluidos en su libro que más le han marcado: el Castillo de Berry Pomeroy, el Palacio Ca'Dario, Jamaica Inn, el Hotel Salto de Tequendama... Para terminar, el autor mostró un vídeo de su visita al Castillo de Bran, en Transilvania (Rumanía) y compartió algunas de las anécdotas vividas durante el viaje.

Tras el acto, Lorenzo departió durante unos minutos con los presentes y firmó ejemplares de su libro. Hasta aquí, nada fuera de lo habitual en eventos de este tipo.

Algunos de los asistentes acompañamos después a Lorenzo y a Laura a la plaza del Salvador, donde tomamos una tapas y disfrutamos de una agradable conversación. Poco a poco el grupo quedó reducido a siete miembros: mi compañero de Voces del Misterio José David Flores, Lorenzo Fernández, Laura Falcó, tres chicas que habían acudido a la presentación (Lorena, Luisa y Bibi) y yo.

Durante la improvisada charla surgieron muchos temas relacionados con el misterio: libros clásicos y polémicos como El enigma sagrado, investigaciones de los compañeros del grupo GPS, lugares clásicos como la Capilla de Rosslyn, personajes tan pintorescos como Erich von Däniken (Lorenzo recordó la exclusiva que obtuvo del propio Däniken en 1992 sobre la Cueva de los Tayos); hablamos de radio y televisión, de Chelston House, el último libro de Laura Falcó... Pasamos un rato muy agradable, aunque la noche no había hecho más que comenzar.
Chelston House
Laura Falcó (2014)
Dolmen Editorial
Lorenzo y Laura querían conocer la capilla de San Onofre, situada en Plaza Nueva. Después de visitarla, en condiciones normales el grupo se hubiera disuelto y aquí paz y después gloria. Pero no. Como dije al comienzo de este artículo, hay días (en este caso, noches) en los que sin saber bien por qué uno intuye que no va a quedar ahí la cosa.

David, como no podía ser de otra forma, sugirió visitar un lugar que de haberlo conocido antes tal vez Lorenzo lo hubiera incluido en su libro 99 lugares donde pasar miedo: las bases abandonadas de San Pablo, unas antiguas instalaciones militares a las afueras de la ciudad, cerca del aeropuerto.

Todos nos mostramos muy receptivos. Lorenzo Fernández, pese a que tenía que coger un avión por la mañana, se mostró entusiasmado con la idea y no dudó en subir a la habitación de su hotel para cambiarse. Laura Falcó fue más valiente y no dudó en apuntarse a la aventura con vestido blanco y tacones. Eran más de las 12 de la noche y allá que nos fuimos, dispuestos a disfrutar de una inesperada sesión de investigación.

La experiencia fue muy interesante. De madrugada, con un único coche para los siete que quedábamos, David tuvo que ir y venir para llevarnos a todos hasta el lugar en cuestión. Una vez allí, decidimos entrar en primer lugar en el edificio que en su día fue una escuela.

Completamente a oscuras, iluminados tan solo por los móviles y una pequeña linterna que llevaba David en el coche, entramos en el edificio. Impresionaba el juego de luces y sombras que nos recibió, el silencio casi total, el estado ruinoso de las instalaciones, los graffitis que adornan las paredes y los restos de antiguos asentamientos. En el hospital, por ejemplo, localizamos un cordel del que aún colgaban ropas puestas a secar, abandonadas como todo en aquel lugar...
Ropas abandonadas en la escuela
Pusimos en marcha unos aparatos de medición y registro que llevaba Laura en su bolso. En concreto una grabadora, un par de detectores de movimiento y un instrumento muy curioso que responde al nombre de P-SB7 Spirit Box

Este último ofreció unos resultados muy interesantes. Algunas de las respuestas que surgieron del altavoz incorporado nos impresionaron bastante por su coherencia y claridad. Quien me conoce sabe que dentro del mundo del misterio soy más afín a otro tipo de enigmas y siempre he sido bastante escéptico en lo que se refiere a apariciones, fantasmas, psicofonías... Pero lo cierto es que desde hace unos años, en concreto desde que conocí a mis compañeros de Voces del Misterio (personas cuya honestidad y profesionalidad están fuera de toda duda), compruebo a diario que hay experiencias muy difíciles de explicar de forma racional.

Por ejemplo, las respuestas coherentes y en apariencia inteligentes que surgieron de ese altavoz. A preguntas concretas, respuestas concretas. Siempre del mismo ser, en el mismo tono. En la escuela, una voz de mujer. En el hospital, la voz de un hombre. Tras realizar la pregunta, siempre que se iba a producir una respuesta las interferencias que recogía la Spirit Box quedaban suspendidas durante una fracción de segundo; en ese momento se producía la respuesta, para volver a oírse después las inconfundibles señales de AM o FM.
P-SB7 Spirit Box
Laura se afanó en obtener información de aquello que parece habitar el lugar. Hizo numerosas preguntas, obteniendo algunas respuestas bastante impresionantes. Por ejemplo, en el primer edificio en el que estuvimos, del altavoz surgió una voz (o lo que fuera) que comenzó a responder en inglés. David, siempre atento, recordó que aquellas bases fueron, con el beneplácito del dictador Francisco Franco, ocupadas en su momento por militares norteamericanos...

Mientras, colocamos los detectores de movimiento y estuvimos atentos a cualquier anomalía que pudiera surgir en aquel lugar ya de por sí bastante anómalo. Lorenzo tuvo un pequeño percance con uno de los detectores de movimiento, pero esa es otra historia...

Más respuestas concretas y coherentes. Cuando Laura preguntó por el nombre de nuestra interlocutora, del altavoz surgió de forma clara un nombre propio de mujer: Kate. Más aún: tras preguntar si alguien en el lugar hablaba español y obtener una respuesta afirmativa, quisimos saber cuántos seres había en el lugar donde nos encontrábamos. La respuesta surgió de forma instantánea: cuatro.

Esta última pregunta la realizamos en varias ocasiones y siempre surgía del altavoz y de forma casi inmediata la misma respuesta: cuatro.

Después de la visita a la escuela, nos dirigimos (con dificultades, ya que la visibilidad era casi nula, el terreno escarpado y no llevábamos ropa ni calzado adecuados, por lo improvisado de la aventura) hacia el hospital. Un lugar conocido como el Sanatorio de los Muertos, en el que muchos afirman haber sido testigos de la aparición de sombras y siluetas oscuras recorriendo los pasillos. También ha sido reportada en varias ocasiones la presencia de una figura espectral de una niña de unos 10 años. Curiosamente minutos antes, desde la escuela, Laura nos dijo que le había parecido ver una sombra en el piso superior de ese edificio. Ni que decir tiene que ella no sabía que se trataba del hospital...
Vista diurna del hospital
Continuaron las preguntas. En ese lugar fue la voz de un hombre la que parecía responder con desgana. Parecía molesto, algo no iba bien. Laura decidió reiniciar la Spirit Box. Al conectarla de nuevo, de forma inmediata y sin haber realizado pregunta alguna surgió una voz masculina profiriendo una sola palabra en tono imperativo: ¡aprovechad!

Decidimos hacer dos preguntas más. A la pregunta ¿os estamos molestando?, la respuesta fue clara: . Tras obtener la misma al preguntar si querían que nos fuésemos, decidimos no tentar la suerte y salir de allí. David recordó en ese momento el mal rato que pasó en aquel mismo lugar durante una visita anterior, cuando sintió cómo algo le oprimía la garganta. Dicha sensación desapareció de forma súbita cuando salió del edificio.

El ambiente distendido que había imperado hasta ese momento se vio momentáneamente truncado por la inquietud que nos transmitieron esos últimos mensajes. No obstante la salida del hospital, con nuestra nueva sesión de cardos clavados en piernas y pies, al atravesar de nuevo el tramo campestre hasta el coche, no significó el final de nuestra improvisada noche de investigación.

Nos detuvimos en un edificio situado junto al coche y decidimos hacer una última inspección. No sabemos qué utilidad tuvo en su momento. Las paredes, adornadas por unos azulejos que en su día imagino que serían azulados, semejaban una zona de duchas, enfermería o similar. Podría ser, ya que se trata de un edificio anexo al hospital, pero queda pendiente confirmar este extremo. Lo único cierto es que en el mismo momento en el que pusimos un pie dentro, todos tuvimos un mal presentimiento. Laura fue la única que lo comentó en voz alta, pero en el fondo todos nos sentimos incómodos allí; una sensación distinta a la experimentada en los edificios anteriores.

Cuando conectamos de nuevo el aparataje, las respuestas en aquel lugar parecían distintas. Oímos lo que parecía una voz de mujer. Tal vez más de una. Al acceder a una sala contigua, las voces se transformaron en gritos. No sabemos qué pudo ocurrir allí, pero la sensación era bastante desagradable. Algunos agujeros permitían intuir una especie de sótano, pero el suelo de la estancia tenía un aspecto muy inestable y decidimos no ir más allá para evitar posibles accidentes.

Esta es la crónica de una inesperada sesión de investigación. Regresamos a la ciudad con la sensación de haber sido testigos de algo fuera de lo común. No sé qué puede ser, pero hay cosas que escapan a toda lógica en aquel lugar. A la espera de comprobar qué ha podido quedar registrado en las grabaciones realizadas, todos los presentes disfrutamos de una noche divertida, en buena compañía y con resultados tan sorprendentes como inesperados.

4 comentarios:

Laura Falcó dijo...

Según Bauti, el último edificio debía ser los quirófanos y urgencias, algo muy coherente con los gritos desgarrados que oímos. Por cierto, también oímos disparos y eso es aún más extraño aunque a tenor de que todo el complejo pertenecía a una base militar; todo es posible.

Ismael dijo...

Buen apunte. Por el aspecto podrían ser perfectamente unos quirófanos o urgencias, ya que los gritos que oímos además de terror parecían transmitir un profundo dolor.

Es cierto lo de los disparos, tuvo que haberlos en la zona por el hecho de ser una base militar, pero quién sabe. Como bien dices, todo es posible.

javier lobato dijo...

buen lugar para visitar elegisteis,muy cierto
aquel enclave está muy impregnado por las muertes que hubo en el hospital,tambien se han hecho ritos satanicos e incluso asesinato de una prostituta .espero que repitais la visita,y pueda ir yo tambien con vosotros

Ismael dijo...

El lugar es muy extraño y estoy seguro de que los compañeros de GPS descubrirán cosas muy interesantes allí.

A saber qué hay "encerrado" entre aquellos muros abandonados...

Un saludo.