martes, 21 de octubre de 2014

Balompié

Escudo del Sevilla Balompié
Es divertido descubrir pequeñas y grandes historias de nuestro idioma. Si además están relacionadas con mi deporte favorito, el fútbol, y en concreto con mi equipo de toda la vida, el Betis, mejor aún. Es posible que ya conozcáis la siguiente anécdota, historia o curiosidad, ya que publiqué este mismo artículo en un blog deportivo que creé hace algunos años y que, por cuestiones temporales, tuve que dejar. Espero que os guste.

El fútbol, como todos sabemos, llegó a nuestro país gracias a los hijos de la Gran Bretaña. Y como todos sabréis, en dicho país este deporte se denomina football. Los intentos por castellanizar el término fueron muchos desde el comienzo de los tiempos futbolísticos patrios. En principio se optó por utilizar términos como foot-ball (origen del actual fútbol, utilizado hasta la saciedad), bola con el pie, juego de la pelota con los pies, ballon au pied o pie-balón.
Mariano de Cavia
El periódico El Imparcial publicó al respecto, en su portada del 1 de agosto de 1908, un interesante artículo firmado por Mariano de Cavia titulado El Balompié, en el que daba su opinión sobre el anglicismo football. Mariano de Cavia (1855-1920) fue un gran periodista que se preocupó vivamente por cultivar y perfeccionar nuestro idioma. Siempre atento a las nuevas tendencias, una de sus múltiples aportaciones fue este término, ya utilizado desde meses antes por los fundadores del Sevilla Balompié, club cuyo nombre recibió el espaldarazo definitivo gracias a este insigne humanista y periodista aragonés. Reproduzco lo más interesante de dicho artículo a continuación:

Varios jóvenes amables se proponen organizar una nueva sociedad de “football”; desean darle un nombre español, y no acertando con él, me hacen la merced de apelar a mis cortas luces, porque ellos tienen por intraducible el vocablo inglés con que se denomina este deporte.
¡Intraducible! Así como Napoleón, o quien fuese, dijo que la palabra “imposible” no era francesa, yo me permito creer que la palabra “intraducible” es una de las más inútiles de nuestro vocabulario. Para un idioma tan copioso, variado, expresivo y flexible como el español, muy a duras penas se halla una voz o término extranjero que no tenga equivalencia exacta, o que en último caso, y sin caer en el vicio del barbarismo, no sea asimilable o adaptable con la debida holgura.
El término “football” no solamente no es intraducible, sino que al traducirlo al pie de la letra -ya que el pie toma tanta parte en ese juego- nos encontramos con un vocablo español de la más clara significación y de la más castiza estructura.
El vocablo inglés es doble: está compuesto de “foot” (pie) y “ball” (balón). Pelota muy grande de viento llama al balón el Diccionario de la Academia en la segunda acepción de la palabra.
Disponiendo pues, en nuestro idioma de las mismas dos voces que en inglés, e igualmente precisas y breves, nada más lógico y hacedero que componer la palabra “balompié”, cambiando en m la n del balón por la misma regla ortográfica que se sigue en ciempiés, sambenito, el apellido Sampedro, etc., etc.
El “piebalón” sería una traducción harto servil de la palabra inglesa, bastante fea además, y por añadidura, opuesta a la índole de nuestro idioma, que con toda gentileza se nos manifiesta en otras palabras casticísimas, hermanas mayores del neologismo que me atrevo a proponer, en la esperanza de que deje de serlo muy pronto, para convertirse en una voz tan corriente como estas de rancio y puro linaje: buscapié, hincapié, rodapié, tirapié, traspié, volapié.
No sé si me dejo en el tintero algunas otras por el estilo. Con las precitadas podría hombrearse muy dignamente el “balompié”, gracias a la aceptación y extensión que en España ha logrado este deporte británico, si mi proposición mereciese igual favor por parte de los jóvenes deportistas y de los cronistas deportivos.
A los primeros en general, y más especialmente a los segundos, brindo esta modesta “ideica” en bien de la pureza y riqueza de esta habla española, por cuya conservación y acrecimiento todos debemos interesarnos de continuo, sin dejarnos vencer por la rutina y el culto inconsciente que se rinde al exotismo, culto asaz bajuno y excesivamente cursi en muchas ocasiones.
Cierto que al principio parecerá rara y chocante la palabra “balompié”, como acontece con toda novedad léxica; pero repítase varias veces el vocablo -balompié, balompié, balompié, balompié- y presto se acostumbrará el oído, mercede a la significativa y castiza estructura de esas tres sílabas. ¿No es esto mejor que decir “fubol”, como dicen los más, diciéndolo torpemente y sin saber lo que se dicen?
Y para no cansar más aquí pongo término a esta vaga y quizás vana leccioncilla de castellano visto ordeñar, saludando afectuosamente a los briosos jugadores de balompié, y despidiéndonos del vocablo nuevo con las palabras de un padre que no se fía mucho de la fuerza de la razón.
¡Fortuna te dé Dios, hijo!

Resulta interesante comprobar cómo el término balompié apenas ha sido adoptado por los clubes españoles. La mayoría contienen en su nomenclatura la palabra fútbol, pese a ser balompié la transcripción literal al español del football, deporte llegado a las costas onubenses desde Inglaterra allá por los últimos años del siglo XIX.
Sello del Sevilla Balompié
Así pues, el Sevilla Balompié, fundado en 1907 y de cuya fusión con el Betis F.C. surgió el Betis Balompié (actual Real Betis Balompié), fue pionero en nuestro país a la hora de incluir el término balompié en su denominación. Una palabra que, por cierto, no fue incluida en el Diccionario de la R.A.E. hasta el año 1927.

No hay comentarios: