lunes, 30 de mayo de 2016

'Los ángeles de hielo', Toni Hill

Toni Hill
Grijalbo (2016)

Siempre me han gustado las historias de fantasmas. Si a ti, lector que sostienes en tus manos el nuevo libro de Toni Hill, también te gustan ese tipo de novelas, te advierto que no vas a encontrar lo que buscas. No obstante, voy a pedirte un favor: aparta cualquier prejuicio y comienza a leer… Te aseguro que Los ángeles de hielo no te defraudará.

Iba a comenzar la reseña diciendo que he disfrutado mucho con su lectura, pero tal vez la palabra correcta no sea disfrutar; la novela desprende en cada línea un halo de inquietud que atrapa desde la primera frase, Nadie debería saber la fecha de su propia muerte…, hasta el epílogo firmado por el doctor Sebastián Freixas, uno de los protagonistas de la obra.

Nos situamos en la Barcelona de principios de siglo XX. Hill nos cuenta por un lado la historia del colegio de Los Ángeles, un internado de señoritas de buena familia,  durante el curso 1908-1909; por otro, narra la historia de ese mismo edificio en 1916, convertido en sanatorio para alienados, lugar al que llega para trabajar el joven psiquiatra Frederic Mayol después de haber sufrido en carne propia los horrores de la Gran Guerra.

Uno de los puntos fuertes de este libro reside, sin duda, en el elaborado trabajo de narradores que despliega el autor. A través del diario de Águeda Sanmartín, directora de Los Ángeles, conocemos lo ocurrido en el colegio. El director del sanatorio, el doctor Sebastián Freixas, nos cuenta desde el año 1931 los hechos acaecidos en 1916, coincidiendo con la llegada al centro del joven Mayol. Para esto último el autor se vale de un narrador omnisciente y de las acotaciones del propio Freixas, quien no duda en interrumpir la narración para aportar información relevante sobre la trama. Una ruptura de las reglas del género que, aunque arriesgada, me parece un recurso muy interesante que aporta frescura y oxígeno a la narración.

El libro comienza con un prólogo muy potente. Una escena que queda marcada en la mente del lector y que actúa a modo de aviso para navegantes. Las frases iniciales logran atraer la atención del lector desde el primer momento: Nadie debería saber la fecha de su propia muerte, le había dicho el cura de la cárcel, como si la injusticia de la ejecución no radicara en el hecho en sí sino en conocer de antemano los detalles concretos que la definían. El día, la hora, el lugar. El garrote.

A continuación se suceden páginas y páginas en las que apenas hay acción, pero durante las cuales resuena en la mente del lector lo ocurrido en la escena inicial. Sabemos que la acción va a llegar y esas páginas de calma tensa sirven para presentar a los personajes y no hacen más que aumentar la ansiedad del lector, sabedor de que la fiesta está a punto de comenzar.

El libro se divide en un prólogo, cuatro partes y un epílogo. Es hacia el final de la segunda parte cuando, de repente, todo estalla. La promesa del prólogo se hace realidad y el autor da rienda suelta a la acción. Por un lado, desvela lo ocurrido en el colegio de Los Ángeles, en 1909. Por otro, sus implicaciones y conexiones con la historia de Frederic Mayol, en 1916.

No estamos ante un libro de terror. Los fantasmas de los que habla la obra son proyecciones de la culpa que asola a algunos de los protagonistas, pero la novela es una enorme intriga psicológica con cierto aroma a gótico que atrapa al lector y no lo suelta hasta terminar con sus más de 450 páginas. La sensación que transmite la lectura en todo momento no es de terror, sino de inquietud.

Los referentes que encontramos en la novela son numerosos. Charlotte Brontë (Jane Eyre), Henry James (Otra vuelta de tuerca), los relatos de ETA Hoffman, Eduardo Mendoza (La ciudad de los prodigios, La verdad sobre el caso Savolta), Louise May Alcott (Mujercitas)… son algunos de los autores que de forma más o menos explícita aparecen reflejados en la obra.

Otro de los temas que el autor se preocupa de resaltar es el del papel activo y reivindicativo de la mujer en la sociedad de principios del siglo XX, muy distinto al que tuvo por desgracia tras la Guerra Civil.

Del mismo modo, hay que destacar la labor de documentación llevada a cabo por Hill para escribir sobre la Barcelona de la época, Viena, Sigmund Freud y el psicoanálisis, la Gran Guerra… Una parte muy importante del proceso de creación de la obra que queda reflejado en la misma y ayuda al lector a adentrarse en la trama propuesta por el escritor catalán.

Lo mejor de la novela, no obstante, es su andamiaje literario. No era una tarea fácil encajar todas las piezas del puzle, dar voz a diferentes narradores y en distintos marcos temporales, sin que ninguno de ellos aportara más información de la necesaria y midiendo a la perfección las revelaciones de cada uno de ellos. Podemos decir que Hill ha superado el reto con nota. Por último, son de agradecer los giros que ha incluido en la última parte del libro, logrando que el final resulte cuando menos sorprendente.

Tras el éxito cosechado con la trilogía del inspector Héctor Salgado, Toni Hill ha decidido dar el salto a la intriga psicológica con Los ángeles de hielo. Una obra de un nivel alto, de lectura fluida y adictiva como pocas, una novela muy recomendable que se ha convertido en uno de los libros más vendidos en el pasado día de Sant Jordi, tanto en catalán como en castellano.

No hay comentarios: