lunes, 6 de febrero de 2017

"Las puertas de Anubis", Tim Powers

Recupero esta reseña, escrita para el número 5 de la Revista Scribere, inédita en mi blog hasta ahora.

 Tim Powers (1983)
Título original: The Anubis gates
Traducción: Albert Solé
Ilustración de portada: Enrique Corominas

Hay libros fáciles de comentar; pueden contener buenas o ma­las historias, pero a la hora de redactar su reseña no ofrecen dificulta­des dignas de mención por diversos mo­tivos, ya sean estructurales, temáticos, etc. Frente a estos, en ocasiones hay que afrontar reseñas complicadas. Es el caso del libro que voy a comentar a continua­ción: Las puertas de Anubis, clásico del género fantástico a cargo del escritor es­tadounidense Tim Powers, editado por Gigamesh.

A comienzos del siglo XIX, el Imperio británico ostentaba el poder en Egipto tras la derrota de Napoleón en la bata­lla del Nilo. Una de las primeras medidas adoptadas por los vencedores fue suprimir el culto a los antiguos dioses egipcios, lo que provocó que hechiceros locales pusieran en marcha un excéntrico plan: traer del pasado a los dioses ancestrales y liberarlos para que expulsaran a los invasores y destruyeran el Imperio. En 1802, los hechice­ros Amenophis Fikee y Roma­nelli intentaron abrir las puertas de Anubis, bajo el mando de un misterioso personaje llamado El Amo. Pero algo salió mal...

Año 1983. Brendan Doyle, pro­fesor norteamericano especia­lista en las obras de los poetas románticos del siglo XIX, recibe un curioso encargo por parte del excéntrico millonario J. Co­chran Darrow: acompañar a un grupo de elegidos (elegidos pre­vio pago de un millón de dólares, todo hay que decirlo) a una con­ferencia que dará el poeta inglés Samuel Taylor Coleridge… en 1810. Darrow ha descubierto por­tales temporales hacia el pasado y ha ideado una forma de saltar a través de ellos, utilizando los principios de la física cuántica.

Por una serie de avatares que no voy a destripar aquí, Doyle queda atrapado en 1810. No tiene nada e intenta sobrevivir mientras busca la forma de regresar al siglo XX. En su periplo vive innumerables aventuras y se ve las caras con una serie de personajes inolvidables.

La primera dificultad que presenta el libro de Powers es su clasificación: fan­tasía, steampunk, ciencia ficción… En mi opinión, estamos ante un espléndido li­bro de aventuras con elementos de cien­cia ficción (viajes en el tiempo) y fantasía (magia, hechiceros, invocaciones…).

Las virtudes de la novela son numero­sas. Powers teje con habilidad una trama en la que mezcla hechos históricos rea­les (la derrota de Napoleón por parte de Nelson; la masacre de los Mamelucos por Mehmet Alí, la fallida rebelión de James Scott, I Duque de Monmouth, en su inten­to de subir al trono de Inglaterra…) con la ficción propia que quiere transmitir, logrando que el lector entre de lleno en el mundo que el autor ha preparado para él. Londres se convierte en un persona­je más de la novela, haciéndose evidente el proceso de documentación llevado a cabo por Powers para recrear la época: callejuelas, tabernas, pintas, bandas de ladrones y mendigos… Una perfecta am­bientación que se convierte en uno de los puntos fuertes de la narración.

La dualidad realidad/ficción también es utilizada por el autor para incluir en la historia a personajes tan conocidos como el citado Samuel Taylor Coleridge, Lord Byron o Los Beatles (sí, los chicos de Li­verpool), aunque estos últimos de forma indirecta. Créanme, es muy posible que su percepción de la canción Yesterday cambie para siempre tras la lectura de Las puertas de Anubis.

Para dar equilibrio a la dualidad antes mencionada entre los hechos y perso­najes reales que incluye en la narración y la ficción, Powers introduce con gran habilidad a William Ashbless, al que pre­senta como un famoso poeta romántico inglés. Ashbless, personaje ficticio crea­do por Powers y por el también escritor estadounidense James Blaylock, también aparece como personaje secundario en el libro de Blaylock, The digging Leviathan (1984).

Otro de los grandes aciertos del au­tor es el perfil de los personajes que nos presenta a lo largo del relato. Pese a que Brendan Doyle se muestra como el pro­tagonista principal de la trama junto con William Ashbless, Powers nos regala un elenco de secundarios de gran altura: Joe Cara-de-perro, Jacky/Ahmed, Richard el Detestable y su mono de madera, Dun­gy… Pero en mi opinión, si alguno desta­ca por encima del resto es el malvado Ho­rrabin, el payaso con zancos. Hay quien defiende que este personaje sirvió de inspiración a Stephen King para crear al famoso payaso de su novela It (1986).

La habilidad narrativa de Powers es in­negable. Es capaz, por ejemplo, de con­vertir una (en principio) simple e inocen­te actuación de títeres en una escena absolutamente terrorí­fica, a partir de la pareja forma­da por Punch y Judy, persona­jes principales de la tradición inglesa del títere de cachiporra.

Un solo pero que achacar a la estupenda novela de Powers: en ocasiones, la trama se desa­rrolla con demasiada lentitud en pasajes donde para mi gus­to el autor se recrea en exceso. Pecado venial que supera ense­guida con algunas dosis de la acción trepidante y los diálogos memorables que pueblan toda la obra.

Estamos ante una lectura im­prescindible dentro del género fantástico en general y de la obra de Tim Powers en parti­cular, ganadora de premios tan prestigiosos como el Philip K. Dick (Estados Unidos, 1983), el Apollo (Francia, 1987), el Gigamesh (Es­paña, 1989) o el Geffen (Israel, 2001). Las puertas de Anubis es un clásico del género que pese al paso de los años ha mantenido intacta su capacidad de sor­prender al lector. Acomódense y déjense llevar; les aseguro que el viaje a través del tiempo que propone Tim Powers resulta­rá inolvidable.

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