miércoles, 3 de mayo de 2017

"Ciudad de Heridas", Miguel Córdoba

Ciudad de Heridas
Miguel Córdoba (2015)

¡Qué difícil resulta escribir sobre algunos libros!

La reseña de la novela que me dispongo a comentar hoy no podría empezar con otra frase. Quien haya leído Ciudad de Heridas, ópera prima de Miguel Córdoba, entenderá a qué me refiero. Quien aún no haya tenido la suerte de hincarle el ojo a la novela, espero que las líneas que siguen le animen a introducirse en la ciencia ficción y el terror surrealista surgidos de la mente del escritor nacido en Remscheid (Alemania).

Descubrí a Miguel Córdoba a principios de 2016. Estaba leyendo Supermalia (VV.AA. Ediciones El Transbordador, 2015) y me llamó mucho la atención Tinnitus, un curioso relato sobre un superhéroe aquejado de acúfenos. La forma de escribir y de pergeñar una historia tan original como aquella me hizo subrayar el nombre de Miguel Córdoba y pronto supe que había sido el autor elegido por la editorial malagueña para abrir su catálogo, precisamente con la novela que me dispongo a comentar hoy.

Ediciones El Transbordador nació en octubre de 2015, de la mano de Pilar Márquez y José María Soret. Especializados en libros de ciencia ficción, fantasía y terror, afrontaron los inicios de la editorial con la lógica incertidumbre y una de las primeras decisiones importantes que tuvieron que tomar en aquellas fechas fue la de elegir qué novela estrenaría su catálogo. Arriesgaron con una apuesta innovadora como Ciudad de Heridas y creo que dieron en el clavo.

Pero vayamos al grano. Para ello, necesito que me hagáis un favor: olvidad aquello de introducción, nudo y desenlace. Olvidad las estructuras argumentales habituales. Ciudad de Heridas es una sorprendente anomalía...

A la ciudad de Gran Salto acaba de llegar un forastero. Es un tipo muy alto —casi parece un zancudo—, viste de negro y lleva puesta una ridícula chistera. Sus ojos, de un extraño color violeta, contienen todas las estrellas del cosmos. Lleva consigo una maleta pasada de moda donde guarda el destino de cuatro chicos, una cuchilla con la que cortar una sonrisa y un plan para que se deje de construir la ciudad. Ha venido a curar viejas heridas.

Estamos ante un libro extraño, terrorífico, surrealista, evocador, inquietante y muy adictivo, con  varios niveles de lectura que dificultan su análisis sin desvelar demasiado de la trama... ¿La trama? Nada de eso. ¿Conocéis esas muñecas rusas huecas, matrioskas creo que se llaman, que en su interior albergan una nueva muñeca, y esta a su vez a otra, y esta a su vez otra...? Pues así es Ciudad de Heridas y creo sinceramente que no solo es muy complicado de explicar, sino que es mejor no hacerlo. Leedla y entenderéis este sinsentido. 

Una inicio impactante; perros aquejados de un virus que los convierte en zombis asesinos; el escenario de un crimen (uno de los mejores pasajes del libro, en mi opinión) donde los cadáveres muestran un comportamiento digamos que poco habitual; la terrible experiencia de un grupo de jóvenes (Andrés, Jaime, Max y Damián), que años después cobrará un aterrador sentido; un misterioso personaje alto, zancudo, con chistera y maleta; un libro (Las heridas del tiempo, de Damián Mustieles), otro libro (La dama de Bachelard, de Gabriela Flanagan); un grupo de niños escondidos en una casa aislada en el bosque... Diferentes personajes e historias se cruzan, se relacionan, salen y entran unas en otras y transmiten la sensación de que la novela esconde mucho más de lo que parece ofrecer en una primera lectura.

La forma elegida por Miguel Córdoba para construir la historia exige un esfuerzo por parte del lector, una lectura activa importante, aunque no imprescindible, ya que el autor se encarga de que las anomalías que presenta, que en un principio parecen no tener ni pies ni cabeza, tengan su explicación al final de la novela. Estamos pues ante un puzle que va encajando pieza a pieza hasta no dejar cabo suelto alguno.

El universo creado por Miguel Córdoba tiene muchas posibilidades. De momento ha dado pie a un segundo libro: Los tres abismos de Damián Mustieles (Ediciones El Transbordador, 2016). Mientras escribo estas líneas, el grueso volumen (incluye tres novelas cortas: Cena para tres, Malas hierbas y El ruido) reposa frente a mí en un anaquel de mi biblioteca y me recuerda que no debo posponer demasiado su lectura.

Pilar Márquez, editora de El Transbordador, me hizo una advertencia: te sorprenderá este libro, fueron sus palabras. Tengo que darle la razón. Se agradece descubrir a un escritor que en su primera novela decide innovar y romper con las reglas clásicas de la narración. Entrad en Gran Salto y dejaos llevar; descubriréis un mundo fascinante en el que querréis seguir profundizando hasta desentrañar todos sus secretos.

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